viernes, 10 de julio de 2009

Ligaduras



Al poco de emprender esta bitácora en su versión primera, hará ya dos años, me quejaba del desprecio que muestran casi todos los maquetadores por mi querida ligadura fi. Un síntoma más entre tantos de la casi nula atención que se presta hoy a la microtipografía, o la tipografía de los pequeños detalles. Pero es que este caso, en concreto, me crispa los nervios, porque la ligadura fi, ante todo, es de obligado uso si no queremos ver a las pobres efes de arco pronunciado lucir una imprevista nariz de payaso que interrumpe la lectura entre accesos de bilis. El ejemplo aducido arriba está en una (omnipresente) Times New Roman. Ver cosas como ésta en un libro, y además si el libro es malo, conduce a añorar con pasión el potro de tortura.


Levantada acta, una vez más, del desconsuelo, sí quería hacer aquí un breve apunte sobre ese intrigante mundo de las ligaduras de corte más decorativo, una extravagancia tipográfica casi tan vieja como la imprenta y que ha resucitado por enésima vez con la tecnología, apasionante, de las fuentes de formato open type, ciertamente beneficiarias de la famosa distinción de Unicode entre caracteres y glifos. Los primeros vendrían a ser como el arquetipo, la idea platónica de la letra. Los segundos, su posible (y múltiple) realización concreta en el papel. En las fuentes open type, los glifos pueden cambiar según el entorno, y esto es el paraíso de las ligaduras decorativas. Véase un ejemplo con la hermosa fuente caligráfica Ex Ponto Pro, diseñada por Jovica Veljović, en el estupendo gestor de fuentes Fontmatrix, una excusa más para pasarse a linux (click para ampliar la imagen y activar la animación).


La fuente Palatino Lynotipe, última entrega de la Palatino del gran Hermann Zapf, está dotada de unas cuantas ligaduras que fueron muy habituales en el mundo anglosajón. Fíjense en los dígrafos del ejemplo siguiente, más que en el discutible y apresurado sintagma:

Pero donde las ligaduras lucen con todo su adorable delirio es, sin duda, en los primeros tipos griegos que se fundieron para las imprentas, inspirados en la cursiva bizantina de los manuscritos. Y entre ellos, cómo dejar de citar a los Grecs du roi, la obra maestra de Claude Garamond entregada a la imprenta real francesa en el siglo XVI para las ediciones críticas de Robert Estienne.

(http://www.garamonpatrimoine.org)

De los Grecs du roi hay una notable versión digital de los años 90 a cargo del lituano Mindaugas Strockis. Hermosa aproximación, pero lastrada por la vieja barrera pre-Unicode que limitaba el número de los glifos en las fuentes. ¿Quién puede ponerle vallas al campo o barreras a los desmesurados griegos del rey? Aún así, las ligaduras se intentan emular con diversa fortuna, mediante una generosa asignación de kerning o ajuste de espaciado entre pares de letras. Un ejemplo de un servidor, con errata (falta la mu de "Mousa"):

Ya ven. Llega el verano, y ante la preocupante carestía de musas de diverso pelaje uno se consuela jugando con sus fuentes y hablando de ligaduras, un asunto que daría para muchas cervezas, aun a riesgo de repetirse demasiado. Es muy grato comprobar cómo hasta la tipografía, que es mesura, orden, proporción y matemática, encuentra sus particulares contradicciones cuando quiere regresar a la mano del escriba. Por contra, el plomo del fundidor ha de individualizar cada letra y colocarla en línea una junto a otra, a la manera de los edificios de la república perfecta. Pero la mano del escriba, como tantas cosas mundanas, como la poesía, está hecha de tiempo. Por eso es incomprensible.