domingo 19 de julio de 2009

Ofrenda

El tiempo se muda en las olas
y en pechos de niña dormida.
Péndulos, calles y violas
cruzan en lo oscuro la vida.

Vida que nace de las suelas,
íntima, y que al cielo se alza:
las palabras tienden sus velas
y la noche, sobre ellas, va descalza.

Para llegar hasta esa estrella
despeinada a los cuatro vientos
no existe derrota más bella
que el amor y sus pensamientos.

Tener por toda disciplina
la página asidua del alba
y el arrebol en la cortina
del vengador sol que nos salva.

Y las tardes que a veces vienen
puntuales como la madera
cuando los postes al poniente tienen
el color ocre de la espera.

¿Pero esperar a quién o a qué?
Da igual si la noche promete
sus rancios mapas. Es la fe
que hay en un barco de juguete.

Sobre el asfalto entumecido
orea un rumor de matices,
sutiles pátinas de olvido
y alado sudor de beatrices.

Ésa es la clave y partitura
para el mar que juega a los dados.
No hay una lágrima más pura
que la que dejan los ahogados.

Un caminante solitario
va cubriendo de azul las avenidas
mientras desgrana su rosario
de farolas desfallecidas.

Ay, melancolía del tiempo,
jinete irremediable de sí mismo
que nos hace y nos mata. Loco tren. Po-
esía --y siempre-- hacia el abismo.

Afán enfermo de volver
a la perdida ciudadela:
la poesía es un limo de mujer
siempre alejándose en un duermevela.

Y tú, la más lejana, que eres todas
las distancias, verás también un día
el rosal mudo que en mis sueños podas
llorar de vieja poesía.

Vieja como este ramo viejo
hecho de sombras y vacío,
que en ti ha de amanecer --celeste espejo--
a la rectitud del rocío.


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Nota: Este poema lo escribí ya hace unos años. Y no lo digo por captatio benevolentiae, qué va. Lo seguiría firmando con la firmeza y el coraje con que se firman las facturas que nos vienen de un pariente más bien bobalicón que nos ha caído a nuestro cargo, pero al que le guardamos cariño. Va a parar al libro (Cantigas y cárceles) donde se recogen los poemas que no debería escribir en la actualidad y, sin embargo, de vez en cuando, ejem, sigo escribiendo.

10 ESCOLIOS:

Ramiro Rosón dijo...

Acabo de descubrir el blog y me gusta mucho este poema. Las cuartetas de eneasílabos (aunque a veces haya algunos endecasílabos) me recuerdan a algunos poemas de Valle-Inclán. Aparte de eso, tiene versos muy sugerentes:

Vida que nace de las suelas,
íntima, y que al cielo se alza:
las palabras tienden sus velas
y la noche, sobre ellas, va descalza.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Pues, sí, sigue escribiéndolos, para que lectores como yo sigamos disfrutándolos. Me ha gustado mucho, especialmente eso de las lágrimas del náufrago. Un abrazo.

Olga B. dijo...

A mí “Cantigas y cárceles” me parece una delicatessen muy difícil de encontrar en los comercios. Creo que hay que ser muy poeta para no renunciar a otras voces bastante más oscuras que también llevas dentro y que viven en otro tipo de proyectos, pero no abandonar el delicado coraje que aparece en estos poemas deliciosos. No te disculpes, que no sirve de nada: a veces no hay benevolentia que captar.
Esta ofrenda es un tesoro.
Por muchos motivos, repito tus palabras “En romance”, algunos versos de uno de tus poemas que recuerdo más a menudo:

Estas lentas palabras son los padres
que nos legaron templos, viejas ropas
y una historia aprendida en los desvanes.
Y son también las nubes sin historia
que edifica el desierto en el cansancio
donde sólo la fe mantiene en vilo
la seda, con el peso de la muerte.


Besos, Juan Manuel. Como siempre, un placer.

José Luis Garrido dijo...

Los dos primeros versos no pueden ser mas afortunados, y todo lo que sigue con destreza y buen uso retórico; criterio acertado para combinar todos los elementos y dejarnos esta hermosa Ofrenda. Felicidades, Juan Manuel.

Un fuerte abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

Gracias por tu generosidad, Antonio. Es una antigua "cara b" a la que le tengo cierto cariño. Me alegro de que te gustara. Veo que andas de conciertos. Qué envidia! :-) Otro abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

Bienvenido, Ramiro. A mí me gusta mucho el ritmo del eneasílabo, tiene un algo de lentitud, de mírame y no me toques. Incluso las consonancias, que deberían ponerle algo más recto, le dan un cierto plus de languidez. Un endecasílabo de cuando en vez no viene mal para desperezar.
Un saludo y gracias, también, por enlazarme en tu bitácora. Te visitaré.

Juan Manuel Macías dijo...

Olga, si no fuera por ti, tal vez estas cantigas y cárceles estarían acajonadas (obsérvese la dubitativa presencia de la "a" :-) sine die. Como siempre, me lees con tan buenos ojos que mejoras irremediablemente lo que escribo. No sé si algún día estarán en los comercios. ¿Tal vez en algún ultramarinos jeje? Pero ya se han ganado su honrilla con lectores como vos.
Un placer tu visita. Mil gracias.
Besos.

Juan Manuel Macías dijo...

Muchas gracias, amigo Luis. Otro fuerte abrazo para ti.

Antonio Azuaga dijo...

Pues no estoy de acuerdo con lo del “pariente bobalicón”. Amigo mío, el poema merece una firma de letras intemporales, una hipoteca con muchísimos años de endeudamiento. Para mí, por lo menos, que oigo en el eneasílabo una música de especial belleza y particular dificultad.

Gracias.

Juan Manuel Macías dijo...

Bueno, querido Antonio, lo decía en términos cariñosos. Con el tiempo estamos aprendiendo a convivir ese parienete y yo. Le echaría de menos si un día se fuera :-)
Gracias a ti, y un abrazo.