martes 8 de septiembre de 2009

Reunión

Donde el tiempo conjuga un bajo amor de cuadra huérfana,
la memoria que fermenta envilecida en las paredes, sueña,
vieja yegua de días y de noches, aniquilada bestia,
intemperie dejada a los más mediocres crímenes
y a las navajas que gimen su larga progenie de gargantas.

Es hora de ajusticiar todos los himnos como a cisnes
antes de que los turistas del mundo disparen una sola duda entre las cejas.
Faltan mil años para todo.
Incluso para los acantilados.
Por eso, sueña.
Sueña y cabalga al son que multiplica estatuas y ruinas en los posos del hambre,
y deshaz la constante del sur en tus belfos enfermos.

Es hora ya de ver si la memoria arde
con las brasas sublevadas a tu paso:
quemar el cofrecillo enmohecido por el exceso de ciudades,
donde las palabras son fotos apelmazadas
que miran a nadie desde un fingido lecho de sonrisas,
en un perfume terco, impaciente, oscuro,
esperando sin piedad el juego del aquí y el siempre.

Pero el envés de las palabras (lo sabíamos)
sólo es un tembloroso ajuar de ceniza: no pidáis más
que la muerte agazapada tras la orquesta
o la náusea aprendida al fondo de la chistera del mago.

Vieja yegua imposible,
crines de humo, lengua tendida, rompe
a llorar de una vez sin miedo ni cadenas
la lágrima perfecta, la nunca reclamada
por los traficantes de estaciones muertas.
Y escribe tu derrota con letras recién desenterradas,
húmedas, frías aún con la primera ignorancia,
una palabra de mil años hasta que la voz profane el aire sin remedio
y el corazón asuma al fin sus cuatro límites fatales.

Sueña en la nada prematura
y cabalga hacia el poniente espantoso de los símbolos.
De aquí a mil años mil espaldas laceradas celebrarán al sol tu muerte inútil
y acaso nazca por ti un lamento oficial en los desayunos.
Pero qué bello, qué torpemente bello tu instante arrebatado, tu tránsito y tu abismo,
y este lodo de sueños donde tú y yo nos confundimos,
como si el verano tuviera un serio motivo para derrumbarse,
como si tú me quisieras decir algo en tu larga caída,
como si al final de la historia, cuando el poema se ha quedado a oscuras,
sobreviviera la orquesta la orquesta la orquesta.

14 ESCOLIOS:

Nodisparenalpianista dijo...

La orquesta muda, que, por lo visto es el karaoke, lo que une lo sublime y lo demás.

Y hablando de eso, de lo sublime y la charca, cualquier día saco el guitarrón y la lío.

Olga B. dijo...

Sin palabras.
Eres un grandísimo poeta.

Juan Manuel Macías dijo...

El guitarrón no, pianista: el mellotrón :-) Y entonces la liamos todos en Las Vegas...

Juan Manuel Macías dijo...

Muchas gracias, Olga, por tu lectura y tu generosidad.
Besos.

José Luis Garrido dijo...

Muy bueno, Juan Manuel, especialmente tu buen pulso, ese imaginario que fluye y fluye. Me ha gustado mucho, sobre todo el final.

Un fuerte abrazo

Juan Manuel Macías dijo...

Querido Luis, muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Un abrazo muy fuerte.

jsvico dijo...

Impresionante, Juan Manuel. No sé cómo, pero consigues que suene íntimo y épico a la vez.

Y ese final!!!

Juan Manuel Macías dijo...

Muchas gracias, Juan. Queda pendiente esa tortilla, ese sarmorejo y esas pintas de Guinness ;-)
Abrazote

Ramiro Rosón dijo...

Hermoso poema, intenso y sonoro. Me ha gustado de veras, aunque yo tenga una sensibilidad muy diferente a la suya y sea un clasicista obstinado. Quizás ande yo desorientado en mis apreciaciones, pero el estilo me recuerda, en cierto modo, al Lorca de “Poeta en Nueva York” y al Rafael Alberti de “Sermones y moradas”; un estilo surrealista, una palabra desbordante que necesita el verso libre para expresarse con holgura.

Saludos cordiales.

ana de la robla dijo...

Me encantó...
Besos.

Juan Manuel Macías dijo...

Gracias, Ramiro. El clasicismo es un término, a mi juicio, bastante dúctil. De hecho, los dos títulos que citas ya son dos perfectos "clásicos", nihil novum sub sole, etc, a los que yo sumaría un tercero, menos conocido, que es "biografía incompleta" de Gerardo Diego. Tal vez encuentre mayor afinidad con éste, creacionismo, no sé. En todo caso, siempre he sido muy crítico con el surealismo como estrategia. Hasta Lorca reclamaba para Poeta en Nueva York la vigilancia de la conciencia. Porque en el fondo, la conciencia siempre está ahí.

Pero olvidemos los ismos y devolvámoslos a los manuales de literatura, de donde nunca debieron salir. Lo que verdaderamente importa es la libertad creadora, la ausencia de prejuicios y no tenerle miedo a nada, ni al lenguaje. Así uno se sentirá lo suficientemente libre para escribir un soneto, un endecasílabo o ese verso (que siempre mal llamamos) libre.

Saludos cordiales, y no me llames de usted, hombre

Juan Manuel Macías dijo...

Gracias, Ana. Me alegra volver a verte por aquí.
Un beso.

Blackbird dijo...

¡Magnífico!

Es una forma de poesía que adoro.
Déjame rumiar las palabras una y otra vez, para absorber mejor todo el nutritivo texto.
No obstante, tu poesía es bella en sí misma, la verdad es que no necesita que un torpe lector como yo la "digiera".

Faltan mil años para todo...

Juan Manuel Macías dijo...

Muchas gracias, Black. Cuánto tiempo sin verte por aquí. Espero que no vuelvan a pasar otros mil años... Es broma.

Espero también conocerte en Zaragoza, y tomarnos unas cervezas juntos, en la presentación del libro de Olga.

Un fuerte abrazo.