BITÁCORA DE JUAN MANUEL MACÍAS

sábado 22 de octubre de 2011

Sucesión

La historia de la literatura griega recorre mi vida repitiendo, honestamente, esta secuencia: primero fue la épica, después la lírica. Siguió el teatro y, como fin de fiesta, los alejandrinos, que aprendieron a silbar en tristes círculos concéntricos cuando ya no quedaba público en la sala y el corazón se limitaba a un discreto discurso de ceniza. El tiempo es elemental y simple, como un poema. También como un juguete. Inquieta a veces cuando se hace tarde. Quién no recuerda cómo era: el frío, la luz desangelada, el cuarto derrotado que no dejaba ya otra opción que desarmar el juguete. Y separar las piezas con una ansiedad parecida a la locura. Descubrir que las piezas se podían separar hace sentir tan culpable. Una hilera de fragmentos sobre el suelo, como una vida. Y aprender que detrás del juguete ya no había nada. Sólo más frío, la tarde hecha pedazos, la noche extrema, la conciencia. A todo eso lo llamaremos historia. Cuando cada fotograma no es más que una plaza estéril con su bandera mustia. Era tan hermoso acariciar el tiempo, como la flauta líquida del afilador perfilando la infancia, como la clara amanecida de una espalda sin elipsis. Pero ahora sólo recorro la historia de la literatura griega y una ciudad desvencijada de andamios y herrumbre. Secuencia tras secuencia. Y los últimos días de septiembre van poblando de caballos sombríos los hombros de las últimas mujeres. Creo que Platón y Aristóteles, en algún lugar de este proceso, acomodan al fondo de su armario unos bellísimos cadáveres de temporada. Y tú sigues pronunciando "golondrina" en griego, χελιδόνι, en alguna calle de mayo para siempre, y toda la primavera se escarcha con tu voz, y de la perilla de Gustavo Adolfo Bécquer se desprenden larguísimos carámbanos lastrados de desesperanza. ¿Ves? He vuelto a romper el juguete. La noche da comienzo y me desespero por decirte tantas cosas en prosa o en París. Sólo pido una música, una brizna de música más allá de tanto naipe de verdadero o falso. Volver a juntar las piezas y no asistir a esta plana pesadilla sucesiva: la lírica, la épica, el teatro, tu sonrisa meciendo la memoria, los alejandrinos hurgando en las papeleras de su oficina siniestra, la melancolía.

2 ESCOLIOS:

samsa777 dijo...

Qué delicadamente doloroso, qué bello.

Tienes un tacto finísimo para la evocación.

Juan Manuel Macías dijo...

Muchas gracias, Francisco. Un abrazo.