domingo, 5 de junio de 2016

Sin título

Cascabel del instante, breve acento,
intensidad o tráfago en el margen.

Huésped
elíptico
de las bajas noches.

¿Dónde

tendré ya que beber tu luz más básica,
depurada en esquinas
de lento lento olvido?

De nuevo el ademán de deshacer el paso
no trae más que un residuo de encadenadas sombras
en la miel irreversible del crepúsculo.

No hay contrapunto fiel a tanto esquema
ni siquiera una rúbrica en flor de su mentira:
al fondo de la voz yace un extraño
trajín de oscuros, enrarecidos caminos.
El viento lleva a ras de suelo el hambre.
No hay mundo ya:
sólo un candil de espera.

(¿Quién deshoja las tímidas alcobas,
la bandera del cielo de la infancia?)

Ave sin norte, azar, esquirla o trépano
te llamaré por siempre, asumidas las reglas
de este azul de placenta que inventa su vigilia,
cuando en sueños aún, en la última gesta,
queríamos abrir de par en par el día
y oscurecimos de pronto, como en los cuentos grises.

Demasiado pronto
para tanto equilibrio
arruinado en las curvas de tu precario reino.
Oh pobre, pobre criatura, inútil parpadeo,
afán minúsculo, mortaja o canto
dejado a la ceniza codiciosa
y a las manos avaras del silencio.


(De Cantigas y cárceles, Isla de Siltolá, 2011)