martes, 29 de diciembre de 2015

Spoilers


No sé si es por el auge de las series, y el retorno del folletín, todo este temor atávico de ahora hacia el "spoiler", junto al odio que suscita quien lo pronuncia en público, visto casi como una especie de vándalo o terrorista. Pero yo creo que el spoiler resulta tan estéril como inofensivo. ¿Qué es la historia de la literatura, en manuales, libros de texto, en las aulas, sino la salmodia del spoiler? Recuerdo a un profesor que nos trazó en la pizarra, con abcisas y coordenadas, todo un concienzudo gráfico sobre la trama y las subtramas del Cantar de Mio Cid. Fue una experiencia aburrida como pocas. Y triste como un velatorio. Ese profesor, sin embargo, nada nos había arruinado, más allá de nuestro preciado tiempo. Porque luego, claro, hay que saber emocionarse con la música de esos versos del Cid, al margen de todos los ovillos, las tramas y subtramas y redecillas que uno, por mero hastío, quiera buscar. La obra de arte es una experiencia, como el amor, y resiste a todos los spoiler posibles, y a aquellos que van mil gracias (y desgracias) refiriendo. Cuando era pequeño, y se estrenó "El imperio contraataca" (la mejor de todas: Star Wars podría perfectamente haber concluido ahí), ya todos sabíamos, antes de ir al cine, que a Luke le cortaban una mano y que Vader era su padre. Nos lo había contado el que se sentaba en el pupitre de al lado. Pero es esa escena gloriosa, la presencia del malvado con capa, llenando toda la pantalla, con la voz de Constantino Romero (más tarde la escucharíamos con la original de James Earl Jones); es esa escena la que nos emocionaba, nos deslumbraba. La terrible frase de Vader bien podría haber sido "Yo soy tu padre" como "Me gustan los caracoles". ¡Como para ponerse a pensar en lazos genealógicos y en retorcidos vínculos familiares!