lunes, 14 de octubre de 2019

Doble penitencia

La procrastinación lleva aparejada una doble penitencia, como si nos hubiésemos revolcado en el pecado. La mala conciencia de haberlo cometido y saber además que se nombra con la palabra más fea y de peor gusto que nos da el idioma (ahí suena ese crastinus latino que te corta la lengua: el futuro y sus resortes como un cadalso que espera). Pero no importa lo que hayamos dejado sin hacer: podremos estar satisfechos si a lo largo de toda una vida hemos logrado escribir o decir bien procrastinación al menos un par de veces.