sábado 15 de agosto de 2009

Siguen las Vacaciones críticas...

... en DVD Ediciones.com. Sigue el verano (¿hasta cuándo?). Entretanto, aquí les dejo mi aportación.

7 ESCOLIOS:

Olga B. dijo...

Recuerdo que leí a Chesterton debido a tu insistencia. Sí, te comenté la sensación de sentirme en cada relato como dentro de una trampa fascinante. No sé si se merecerá ser santo, pero es bueno. La apropiación de los autores por grupos y tendencias es tan antigua como la escritura, y la lista de los casos es inmensa. En ocasiones yo siento que están "manoseando" algo mío. Quizá en esa otra apropiación íntima haya algo parecido al amor, algo que sabe estar por encima de la utilidad que otros le buscan y, a veces, le encuentran (y hasta de la buscada a veces por el autor). Siempre perdona.
Creo que las vacaciones de tu alma han escrito la mejor crítica.
Besos, Juan Manuel.

José Luis Gómez Toré dijo...

Un comentario muy oportuno... En efecto, a veces de manera solapada, otras de forma abiertamente propagandística, resulta inquietante este intento períodico de apropiarse de determinadas figuras prestigiosas, en algunos casos reduciendo su compleja identidad a su pertenencia a un determinado grupo (Iglesia, partido, orientación sexual, ideología...) como si fueran sólo eso, en otras atribuyéndoles a posteriori y de manera harto discutible la militancia en alguna iglesia o ideología con la que la figura en cuestión apenas tuvo que ver...
Creo que no coincido plenamente contigo en que la única verdad de la obra sea la verdad literaria, aunque tal vez sea cuestión de matices... creo que en esa verdad literaria afloran otras verdades (políticas, éticas, ontológicas...) pero que establecen una peculiar relación con esa verdad literaria, una relación que a menudo es tensión y que a la postre impide reducir la complejidad significativa de la obra a un discurso teórico (como diría Lyotard, y perdón por la pedantería, no es posible reducir lo figural a discurso). Por otra parte, esa compleja relación con la verdad de la obra artística hace que a menudo la obra diga cosas que no estaban en la intención del autor y que incluso contradicen sus propias opiniones, su pensamiento consciente... Mann, cuando quiso hacer un canto elegíaco de la burguesía en Los Buddenbrook, trazó uno de los retratos más demoledores de la burguesía que pueda imaginarse... Si algo bueno tienen los intentos de releer las obras literarias como textos sagrados es que, sin saberlo, se introducen bombas de relojería que amenazan con dinamitar la ortodoxia que quiere afirmarse con dichos textos... lamentablemente, quien se enorgullece de la férrea coraza de sus propios prejuicios, tiende a una lectura tan unilateral de la obra que sólo lee en cada obra la confirmación de sus propias ideas: se lee a sí mismo antes que a la obra en cuestión.

Juan Manuel Macías dijo...

Muchas gracias, Olga. Muy de acuerdo contigo: tan antigua como la escritura. Pero un texto literario no es de nadie, ni del autor, y es de todos a la vez. Mejor la historia sentimental y personal de la literatura de cada cual, que la general y canónica. Todos tenemos derecho a ser heterodoxos con cualquier autor, y el amor es heterodoxo por naturaleza.
Ando estos días hasta arriba de trabajo, como siempre, y descolgado de la red. Ni yo ni mi alma condenada nos vamos de vacaciones, así que no he podido comentarte como es debido lo mucho que me han gustado esos espíritus del vino. Espero repararlo pronto, así que mis disculpas.
Ya queda menos para tu libro, ¿no?
Besos.

Juan Manuel Macías dijo...

Un comentario muy interesante, José Luis, especialmente en el último tramo, con el que básicamente estoy de acuerdo. Mil gracias. La lectura "interesada" (entiéndase este término en su sentido más relajado) de una obra literaria puede variar con el tiempo y las personas. Arrimando el ascua a mi sardina griega, es siempre curioso constatar que gran parte de los fragmentos sáficos o de otros poetas arcaicos conservados por tradición indirecta son recortes azarosos donde el "lector" de turno ha creído encontrar su momento provechoso. Y eso es contra lo que me sublevo. Es como si de aquí a dos mil años la Sonatina de Darío sólo sobreviviese a trozos alojada en un tratado sobre la depresión o los trastornos bipolares. Chesterton y Borges podrían ser dos claros ejemplos de escritores convertidos en una suculenta mina de ejemplos y paráfrasis, la famosa enfermedad de las citas de la que nadie estamos a salvo, me temo. Pero, insisto, estar o no de acuerdo con el pensamiento que creamos detectar tras una obra literaria, en el fondo, no me parece pertinente a la hora del placer, que es sagrada. Dependiendo de cada cual, el placer puede ser (y debe ser) personal e intrasferible, y en éso sí que me parece inevitable que el lector ponga algo de lo que haya traído a la fiesta. Una obra literaria puede decir mil cosas. Aquí el autor siempre es lo de menos, claro, un mero invento para poner un nombre tras un texto. Pero "decir"... creo, humildemente, que es algo más extraño que un llano concepto de transmisión de ideas.
Gracias de nuevo y un abrazo.

ana dijo...

Ideología; ¿ideas y logias?.
Un besote, estoy de acuerdo contigo y José Luis.

Juan Manuel Macías dijo...

Así es, Ana. Hay que ponerse a salvo de las (b)logias y los orcos en general:-)
Besote

P.D. : memento! Hay que poner en marcha la novela...

Nodisparenalpianista dijo...

Ay, que no le saco tiempo al día para comentar sobre Chestwerton, la santidad, la literatura, las peleas de salón, las churras y las merinas. Pero en media línea más: 1. Me gusta tu texto, 2. me gusta Chesterton, 3. me gusta la santidad, 4. las ovejas huelen mal, 5. aún se me vuelve a quedar la boca abierta con los jueves y los hombres y 6. de salón a mi me gusta el toreo.

Ay, qué lío. Intentaré volver...