miércoles, 19 de septiembre de 2018

Presentación en Madrid de Elegías y sátiras y cuatro poemas póstumos (Kostas Karyotakis)



Me compalce informaros de que el próximo miércoles 26 estaremos presentando en Madrid mi traducción de Elegías y sátiras y cuatro poemas póstumos, de Kostas Karyotakis y publicada recientemente por la editorial Pre-Textos. Será a las 19:00 horas en la siempre acogedora librería Rafael Alberti (C./ Tutor, 57). Y un sevidor tendrá el honor de estar acompañado por el escritor y crítico Antonio Ortega. Ojalá podamos vernos por allí.

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[TENEMOS ALGO DE GUITARRAS...]

TENEMOS algo de guitarras
desvencijadas. Cuando sopla el viento
despierta versos, ecos extraños
en las cuerdas que cuelgan como cadenas.

Somos antenas increíbles
que se elevan como dedos al abismo,
y en su punta resuena el infinito;
pero pronto caerán hechas pedazos.

Somos, en cierto modo, borrosos sentidos
sin esperanza de concentración.
En nuestros nervios se confunde la naturaleza.

En el cuerpo, en la memoria nos dolemos.
Las cosas nos repelen, y la poesía
es el refugio que envidiamos.

Elegías y sátiras y cuatro poemas póstumos
de Kostas Karyotakis.
Trad. de Juan manuel Macías.
Pre-Textos 2018

martes, 18 de septiembre de 2018

Homenaje

Hay gente triste que cree que Neil Armstrong jamás pisó la luna.
Han apagado las Pléyades, y el luminoso de la farmacia.
La noche quedó aparcada en medio de la noche.
El despertador insiste en su insidiosa tijera (va armando un collage con pedacitos de vida).
Yo estoy despierto. Y
mis gatos no duermen solos.

martes, 11 de septiembre de 2018

Planos

Con dos decenios ya casi cumplidos del siglo XXI, aún hay gente que sostiene que la Tierra es plana. Y no, no están en ninguna tribu perdida del Amazonas, sino en este llamado primer mundo, civilización de los aifons y demás regalos de los dioses. Incluso hay grupos organizados en las redes sociales, donde, por otra parte, toda gilipollez es alada. La ignorancia de nuestros antepasados, al menos, tenía un punto de legítima. Pero estos jóvenes (o no tan jóvenes) burgueses de ahora, que han crecido saturados y hastiados de información, parecen abrazar cualquier superchería como una novedad excéntrica, un esnobismo más. Nuestros lejanos ancestros creían en un mundo plano, pero al menos poblaban las tierras más extremas e incógnitas de dragones y demás portentos. Los entusiastas medio crédulos de hogaño se contentan con levantar toda una trama conspiratoria, y afirman que la comunidad científica, los gobiernos y la NASA ocultan a las masas la terrible verdad de la planicie terrestre. A saber con qué fin, como no sea el de fortalecer el poderoso lobby de los fabricantes de globos terráqueos. El profético Wells no se equivocaba con su Máquina del tiempo: está abonado el terreno para los Eloi. Mientras, los Morlock trabajan sin descanso en el subsuelo, fabricando aifons y demás regalos.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Segalá

Traducir la Ilíada o la Odisea al español supone, queramos o no, entablar un diálogo inagotable con Luis Segalá y Estalella. Si traducir literatura es lo mismo que crear literatura en la lengua mal llamada «de llegada», entonces el gran helenista catalán no sólo hizo eso, sino también poner en marcha una tradición a la que no tendrá más remedio que adherirse todo traductor de Homero que se precie. No negaré que con don Luis acabaremos también sosteniendo muchos pulsos, pero no habrá tensión ni malos modos. Antes bien, serán contiendas amistosas, cordiales y, sobre todo, divertidas a la par que enriquecedoras. No podría ser de otra forma, si en aquellas versiones suyas, eternamente reeditadas por Austral, resonará siempre el eco de nuestras primeras lecturas adolescentes de Homero. En esa prosa torrencial que revive los viejos hexámetros. Muchas veces excesiva, sí, pero jamás enferma de artificio ni de la soez (por hueca) ampulosidad. Se ensancha con toda justicia porque ancho es el mar, y como él, puede darse a algún que otro capricho en brazos del azar y de las olas. Genuina la voz y auténtico el entusiasmo. Sólo así podemos hallar tantas alhajas, algunas dueñas de una belleza casi alucinatoria. Cómo no recordar, por ejemplo, ese «yelmo de tremolante penacho». Pero hay uno de esos diamantes que me fascina especialmente. En un pasaje de la Odisea, Proteo (u Homero: tanto da) le dice a Menelao sobre Egisto que iba (literalmente traducido) «maquinando cosas indignas». No es otro el significado del sintagma homérico ἀεικέα μερμηρίζων. Pero he aquí que Segalá se lanza a una de sus cabriolas de pura fe, y entonces Egisto lo que iba era «revolviendo en su ánimo indignas tramoyas». ¿No es hermoso de verdad? ¿No dan ganas de paladear cada palabra para después salir corriendo monte abajo entre alaridos de júbilo, agitando las manos y arrancándose a jirones la ropa?

Volviendo del mundo Homérico a este otro más plano y gris, quién sabe qué indignas tramoyas se estarán revolviendo también aquí ahora, y en qué ánimos o en qué cabezas. Mejor no averiguarlo y recrearse con los dones de esta preciosa tarde, prematuramente otoñal. Y releer bajo esa luz, si apetece, algún pasaje de don Luis.

martes, 28 de agosto de 2018

Matroskas

A la manera de las matroskas, somos y contenemos los sucesivos yo que fuimos. Pero, también como ellas, siempre nos faltará la siguiente pieza que nos contenga.

Elegías y sátiras (Karyotakis): erratas con fe

Que sería de un libro sin sus erratas. En general no queda otra que resignarse y dejarlas vivir y reproducirse a su albedrío. A veces hasta mejoran el texto. Pero habrá otras que pasen peligrosamente de la gracia díscola al mero vandalismo, quebrando el sentido de lo que se quería poner en un principio. Y éstas, con todo el dolor de nuestro corazón, debemos ajusticiarlas: máxime cuando se trata de una traducción de poesía. En un par de poemas de mi traducción de Elegías y sátiras y cuatro poemas póstumos de Kostas Karyotakis (publicado recientemente por Pre-Textos), he detectado sendos especímenes de este género, de modo que paso a reproducir aquí las versiones correctas de los poemas. Y aquí quedan, de momento en digital. Si los hados son propicios y llegase una reimpresión, pasarán también a la tinta y al papel.

DIAKOS
(pág. 87)

MAÑANA de abril.
Era un fulgor verde
la sonrisa del campo
con todos sus tréboles.

Besada en el relumbre
del alba, parecía
que hablaba dulcemente
la naturaleza.

Trinaban los pájaros,
volando
alto y más alto.

Y las flores aromaban.
Y él se decía perplejo:
«¿por qué morir?».

CRÍTICA
(pág.45)

ESTO no es ya canción, ni es un sonido
humano. Se le escucha llegar
como un postrero grito, en la noche profunda;
como el de alguien que ya ha muerto.

jueves, 23 de agosto de 2018

Voces (C. P. Cavafis)

Voces amadas, idealizadas voces
de aquellos que han muerto, o de aquellos
perdidos para nosotros como los muertos.

En ocasiones nos hablan entre los sueños.
En ocasiones la mente las oye por el pensamiento.

Y con su sonido por un instante regresan
los sonidos de la primera poesía de nuestra vida,
como una música, de noche, lejana, que se extingue.

Trad.: Juan Manuel Macías. Pre-Textos 2015)

martes, 21 de agosto de 2018

Contradicciones

Las contradicciones son lo mismo que esos gatos callejeros que adoptamos o nos adoptan. Aprendemos de pronto que forman parte de nosotros, de nuestro entorno, como si fuera así desde siempre; y las cuidamos y alimentamos con íntimo y aplicado celo. Rechazar las propias contradicciones y no querer darles amparo es un acto de inhumanidad. Como ese gato-Odiseo que antes era nadie y le acabamos encontrando el nombre, la contradicción es una adivinanza más que reclama su sitio y su acomodo en esa gran maquinaria de acertijos que es la vida. No viene a dar sentido ni a resolver el misterio, por fortuna, sino a sumarse a las demás incógnitas en un todo gratamente incomprensible. Intuimos que sin ellos (contradicción o gato) alguna pieza le falta a nuestra siempre esquiva, rara, itinerante identidad.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Fama póstuma (Kostas Karyotakis)

La pródiga naturaleza que nos cerca precisa nuestra muerte:
la desea la boca púrpura de las flores.
Si viene otra vez la primavera, otra vez nos dejará,
y al cabo ya ni sombras de otras sombras seremos.

La radiante luz del sol aguarda nuestra muerte.
Contemplaremos otro crepúsculo más, tan triunfante,
que escaparemos entonces de las noches de abril
y marcharemos más lejos, a los reinos sombríos.

Sólo pueden quedar, tras de nosotros, los versos,
diez versos apenas, que permanecen, como
las palomas que los náufragos dispersan al azar
y, cuando traen el mensaje, ya es demasiado tarde.


Trad.: Juan Manuel Macías. Pre-Textos 2015)

viernes, 27 de julio de 2018

La luna de Safo

96 L.-P.

... En Sardes...
tiene a menudo aquí sus pensamientos
... Para ella tú eras cual diosa manifiesta,
y tu cantar su máxima alegría.
Mas ahora sobresale entre las lidias
como la luna de rosados dedos,
al ponerse el sol, vence a todas las estrellas,
y su luz tiende por el mar salino
y por los pastos copiosos de flores.
Se ha derramado el hermoso rocío,
lozanean las rosas, y el tierno perifollo,
y el meliloto enflorecido.
Ella, entretanto, va de un sitio a otro
con la nostalgia de la dulce Atis,
y del corazón frágil siente el peso.
Ir hacia allá nosotras... no...
El mar inmenso deja oír su voz...
En medio...
No nos es fácil ser como las diosas
en la belleza que al amor empuja...


(De «Safo. Poesías». Traducción de Juan Manuel Macías. La Oficina de Arte y Ediciones, 2017)

***

]cαρδ[
πόλ]λακι τυίδε [ν]ῶν ἔχοιcα
... θέαι c' ἰκέλαν ἀρι-
γνώται, cᾶι δὲ μάλιcτ' ἔχαιρε μόλπαι
νῦν δὲ Λύδαιcιν ἐμπρέπεται γυναί-
κεccιν ὤc ποτ' ἀελίω
δύντοc ἀ βροδοδάκτυλοc μήνα
πάντα περρέχοιc' ἄcτρα· φάοc δ' ἐπι-
cχει θάλαccαν ἐπ' ἀλμύραν
ἴcωc καὶ πολυανθέμοιc ἀρούραιc·
ἀ δ' ἐέρcα κάλα κέχυται, τεθά-
λαιcι δὲ βρόδα κἄπαλ' ἄν-
θρυcκα καὶ μελίλωτοc ἀνθεμώδηc·
πόλλα δὲ ζαφοίταιc ̓, ἀγναc ἐπι-
μνάcθειc' Ἄτθιδοc ἰμέρωι
λέπταν ποι φρένα... βόρηται·
κῆθι δ' ἔλθην ἀμμ... οὐ
... πόλυc
γαρύει... μέccον·
ε]ὔμαρ[εc μ]ὲν οὐκ ἄμμι θέαιcι μορ-
φαν ἐπή[ρατ]ον ἐξίξω-
cθαι...

domingo, 22 de julio de 2018

Breve elogio de Telémaco

Cuando leía la Odisea de adolescente, en aquella traducción de Luis Segalá, me aburrían tremendamente los cuatro primeros cantos, conjunto que tradicionalmente se ha venido llamando la Telemaquia, es decir, las aventuras (raquíticas) y trabajos (más bien pocos) de Telémaco. ¿A quién le iba a emocionar esa pequeña Odisea doméstica de un mozalbete con pocas luces y que, además, era el único en la historia que parecía no enterarse de nada? Recorriendo esos primeros cantos, daba la sensación de que todos los personajes, en alguna medida, algo sabían. O, por lo menos, estaban bastante satisfechos de su lugar en la trama. Telémaco, sin embargo, parecía ignorarlo todo, conducido como iba en un estado de tenaz, e incluso entusiasta aturdimiento. Yo, además, deseaba acción, las navegaciones de Odiseo, sus naufragios y sus sirenas. Un deseo que acaso compartían conmigo los eruditos escoliastas de Homero, los cuales consideraban ese preámbulo, ya desde tiempo antiguo, como un añadido espúreo al poema homérico. Pero ahora, cada vez más y a la vuelta de los años, no me cabe ninguna duda de lo magistralmente que la Telemaquia se encaja en el conjunto: tanto y tan bien, que se me antoja el verdadero eje y motor de la Odisea. El tedio de la adolescencia va dejando paso a un sabor de nostalgia que, acaso, los escoliastas, en su perpetuo estado adolescente, jamás acertaron a catar. Puede que la magia y el ensalmo de Homero vayan operando en nosotros según una pauta de sucesivos efectos retardados: Homero siempre golpea dos veces. Pero lo que es cierto es que me voy identificando más y más con Telémaco, personaje tan singular que ha conseguido pasar desapercibido siempre a costa del prestigio de su ilustre padre. Mientras Odiseo se prodigaba en mil símbolos por la imaginación y los mares de Occidente, a la par que se iba diluyendo y atomizando, como un rastro de recuerdo en la espuma de las olas, Telémaco consiguió ir más lejos gracias a su sabia y poco ponderada discreción: logró ser a un tiempo personaje de la Odisea y lector —el primer lector, asombrado, extraviado, sonámbulo— de la Odisea. Y es que Telémaco, al cabo, somos todos. Nos une la misma cara embobada y los ojos como platos cuando con él contemplamos el largo mar que tiene color de vino, el color perfecto para emprender navegación, pues que es el rojizo color de los atardeceres y de las preguntas y de las despedidas.

miércoles, 4 de julio de 2018

Deber

Podemos pasarnos días, meses, años incluso, sin escribir: un período siempre feliz. Pero cuando llega el poema está ese deber pesado, grave, ineludible, que nadie nos ha impuesto por otra parte, de recibirlo. Ah, pero tiene que ser el poema. No la idea del poema, ni el tema del poema. Ni siquiera las ganas de escribirlo: ¿alguien en su sano juicio puede tener un apetito tan horrendo? A los impostores, por tanto, les cerraremos la puerta como a simples vendedores de gangas a domicilio. Sin embargo, con el poema, no podemos más que acatar el deber. Y qué deber más extraño, enfermo habrá de ser ése para que uno se levante a mitad de la siesta —algo que no haría ni por la invasión de los persas—, casi como por resorte, sumiso y dócil, sólo para escribir el poema. Como si eso fuese a arreglar el mundo o, lo que es peor, esta destartalada vida.

jueves, 28 de junio de 2018

Noches de verano

Estas noches de verano, tan populosas y claras, febriles de transparencia. No es la vastedad desolada, estática del firmamento de invierno, al que nos asomábamos como quien se asoma a un pozo. Aquí es el universo entero el que nos mira con los ojos abiertos, casi en delirio. Son noches que no duermen. El increíble tapiz del tiempo, el pasado, el presente, el futuro, los mundos, las estrellas, las galaxias, el nacimiento y la muerte. Todo confluye en un único y simple instante estremecido. Son noches despojadas de la noche. Y brillan y bailan y cantan coronadas de grillos o lejanas guirnaldas de risas. Y esa alegría (diríase esa insultante y desvariada juventud) también te intimida y no deja de ponerte un poco triste, cuando no deberías estarlo. Y te sientes intempestivo y solo en el mejor momento de la fiesta. Porque adivinas que el verano es su propia fuga. Un verano más, sí, que ves pasar de largo en estas noches músicas, con sus pies de cristal y su fanfarria.

sábado, 23 de junio de 2018

Times Roman y diversión

Nuevo apunte tipográfico en mi blog del mismo nombre, que trata de la Times Roman y el arte de la invisibilidad, junto a otros sucesos varios que sucedieron.