Un poeta de entonces —de ayer— no sabía realizar estrofas perfectas, por la misma razón que un músico no resolvía una sonata ni un pintor la arquitectura de un cuadro. Unos años más y nos arrastrará el magnífico huracán de los ismos de avance. Preocupa la materia, la novedad del contenido. Imposible lograr a la vez la armonía del continente. Renace la calma, y decimos: hay que crear. O lo que es lo mismo: hay que poseer, domeñar, tener conciencia... Tres caminos se ofrecen. para cada obra, su forma única, plena. El verso libre... o sea la estrofa libre. La estrofa vieja. O inventar nuevas estrofas. ¿Retórica? Evidente: retórica. Pero todo es retórica, y el huir de ella una manera de retórica negativa, mil veces más peligrosa. No. No debemos huir de nada... Hacemos décimas, hacemos sonetos, hacemos liras porque nos da la gana... La gana es sagrada. Y es lógica, por la misma razón que los pintores se obstinan hoy en dibujar bien y los músicos en aprender contrapunto y fuga. Pero hay una diferencia con nuestros razonables abuelos del XVIII. Para ellos, la estrofa, la sonata o la cuadrícula eran una obligación. Para nosotros no. Hemos ya aprendido a ser libres. Sabemos que esto es un equilibrio, y nada más. Y es seguro que sentiremos muchas veces la bella y libre gana de volar fuera de la jaula, bien calculado el peso, el motor y la esencia, para no perdernos como una nube a la deriva. Estrofa, siempre estrofa, arriba o abajo, esclava o sin nombre.
Gerardo Diego
jueves 15 de octubre de 2009
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45 ESCOLIOS:
Un texto muy lúcido. Gracias por colgarlo.
Muy oportuno, aunque son opiniones de parte, viniendo de un maestro de las formas clásicas (y que por tanto estaba legitimado para quebrantarlas).
Un abrazo.
Certero, como suele, don Gerardo. No sé si se trata de un texto programático o explicativo, es decir, de antes o después. Y tanto da. Pero me gusta esa constatación de las tres vías (siempre es bueno que haya una tercera), que al fin y al cabo viene a ser una: el continente es contenido y viceversa.
Por eso el verso libre no es tan libre, sólo que sus leyes internas quedan más ocultas... si no las hay, no será, claro, verso: “que el amor y el verso libre/ son para gente sensible/ pero no para quien no sabe rimar” decía un buen amigo en una canción. Interesante la apreciación del texto de que esos versos se resuelven en estrofas, sólo que esas estrofas no son regulares.
La estrofa tradicional no necesita comentario; cuestión, como dice Diego, de gana.
Tertium datur, por fortuna: inventar nuevas estrofas me a pie hoy (seguidor en silencio de tu blog desde hace un tiempo) a intervenir. ¿No te parece una forma intermedia -y apasionante- la recreación, por otros medios, de los versos clásicos? Algo así son las versiones rítmicas de la poesía antigua, a las que soy desde hace mucho aficionado. Y veo que por esa línea van tus traducciones de Homero. Sé que es cuestión larga de discutir, y espero que tengamos ocasiones de hacerlo. Pero siempre me han parecido una forma de innovar en la métrica de nuestra lengua, pues a partir de ellas se pueden aclimatar esos moldes y utilizarlos en poemas nuevos. Ya veremos a dónde nos lleva eso.
Perdón en este estreno por la extensión del comentario, y un saludo desde la Hélade, como mi tierra, siempre lejana y a veces sola.
"La gana es sagrada". Cuántas veces he recordado esa frase. Y qué reflexión tan actual. La libertad significa no constreñirse en absurdos corsés, no significa que haya que hacer las cosas más raras del mundo por obligación. Además, todo lo raro acaba sonando a viejo en poco tiempo, porque el tiempo cambia mucho más rápidamente que las personas. La libertad de escribir es otra cosa, y el misterio de la originalidad en poesía no tiene receta conocida, pero en sus ingredientes siempre estará su propia lengua, su origen y su tradición. Que cada cual haga lo que quiera y sepa.
Es eso, lo que dice; si es que cualquier glosa está de más.
Yo paso a mandarte besos, que soy mujer de costumbres;-)
Gracias, José Luis. Creo que es necesario recordar hoy en día esos textos. Enhorabuena, por cierto, por tus poemas en Las razones del aviador.
Joaquín, no tanto quebrantador de las formas clásicas como inventor de otras nuevas.
Hacer un soneto perfectamente rimado según la tradición es un elogiable acto de libertad. Hacer un soneto sin rima, también lo es. Hacer un soneto mal rimado, mmm, aquí ya se puede esconder perfectamente el incapaz. Y la incapacidad no es libertad.
Un abrazo.
Muy interesante tu comentario, Rafael, gracias. Tocas muchas y sensibles cuerdas y, como dices, esto merece una larga (y placentera) conversación. Me acuerdo de una de esas frases francotiradoras de Chesterton donde decía que el verso libre era una contradicción en los términos. Esta frase puede entenderse en su cara más reaccionaria, y parece prestarse al aplauso de los fans más reaccionarios del inglés. Pero es que, en el fondo, tiene razón. El "verso libre" se suele percibir (sobre todo entre poetas jóvenes) como barra libre, sujetadores fuera, sexo, drogas y rock and roll. Y no van por ahi los tiros. La libertad está en el artista, no en su obra. Es decir, que el artista elige un camino y establece unos límites, y lo creado sólo puede ser una cosa entre mil posibilidades. Creo que aquí Gerardo Diego hace una apasionada apología de la libertad creadora. Todo, al cabo, es verso libre. Y todo, igualmente, ha de estar sujeto a unos límites, porque, si no, no habría libertad. Y si no hay retórica, es decir, el capricho de los límites, la poesía se viene abajo y se convierte en mera información conceptual, sea el verso de la naturaleza que sea.
Sobre la recreación de los versos clásicos (griegos y latinos) en romance, he de decir que soy totalmente escéptico, toda vez que los hechos lingüísticos son radicalmente distintos. Hemos perdido la prosodia, la caja de música de esas lenguas, y hoy leemos los versos de Virgilio, de Homero o de Safo de una manera casi ininteligible para sus primitivos auditorios. Por mucho que se haya intentado, creo que el hexámetro, stricto sensu, es irreproducible en castellano, principalmente porque nunca hemos escuchado un hexámetro. No sabemos cómo late o respira. Sólo tenemos un esquema rítmico sobre el papel: -vv -vv -vv -vv -vv -x, más el juego de cesuras y la resolución de breves en larga, un andamiaje aritmético que los estudiantes de clásicas aceptan como artículo de fe. Los muchos intentos de importar el hexámetro están condenados a producir nuevos versos castellanos dentro de las posibilidades prosódicas del castellano. O no tan nuevos: "ínclitas razas ubérrimas/ sangre de Hispania fecunda": dos octosílabos muy naturales. De hecho, mi traducción de la Odisea camina (o lo intenta ;-) sobre una base octosilábica muy licenciosa, asumidamente castellana.
En fin, que todo esto da para muchas cervezas o unas cuantas botellas de ouzo :-) Me quedo con esa copla (genial) de tu amigo: “que el amor y el verso libre/ son para gente sensible/ pero no para quien no sabe rimar”
Un abrazo.
Ay, Olga, sobre estos asuntos hemos hablado usted y yo mucho y muy bien (para qué vamos a negarlo :-), y siempre es un placer acunarse en tu lucidez. Al cabo, la lección del 27 está ahí, con su necesaria reivindicación a Góngora y el trapecio, que no excluye la querencia por Lope y el hogar. La moraleja está clara: haz lo que quieras, pero hazlo consecuentemente. Nada de refugiarse en retóricas negativas, como dice GD. Ni tener miedo, ni tener prejuicios. Es la única forma de ser fiel a uno mismo y de terminar en consecuencia lo que se empieza, como aquella miliciana ;-).
Por cierto, ya que hablamos de libertad, recuerdo aquella viñeta del gran Perich: "entre la libertad y el libertinaje, prefiero el segundo. Incluye la libertad y además se lo pasa uno mejor". Cito de memoria. Y, como Chesterton, también tenía su razón jeje
Besos, no perdamos las costumbres.
La libertad no se lleva muy bien con el dogmatismo: a veces nos olvidamos de algo tan evidente, sedientos de hipermodernidad. Es el problema de definirse en negativo: se gasta mucho tiempo en combatir lo que se rechaza, muchos más tiempo del que se dedica a construir una alternativa. No sé si esto tiene mucho que ver con tu intención al rescatar este texto, pero intuyo que sí.
Un abrazote.
Así es, Juan. Tenía ganas de escribir unas líneas sobre esto, pero ya GD lo había escrito mucho mejor. Y además está mi proverbial pereza :-) La generación del 27 es la última gran revolución en poesía. Aunque el término "revolución" me rechina. Es como si la historia de la literatura fuera lineal y caminara hacia momentos cada vez más logrados. Es, más bien, un tiovivo, donde todo se pierde y todo regresa. Ahora pasamos por momentos un tanto caóticos. Muy interesantes y con muchos prefijos, pero caóticos.
Un abrazote y una pinta de Guinness en potencia.
Certero, como suele, don Gerardo;
su lección, cuando menos, convincente:
que quiere el contenido continente
como rumor el mar y olor el nardo.
Certero, Juan Manuel, también el dardo
en tus palabras, lázaro invidente:
con las armas del arte y arduamente
se templa el corazón del goliardo.
El margen es la libertad del sabio,
la libertad el límite del necio,
pero ¿de quién habrá de ser sierva la gana?
Y vaya este soneto en desagravio
de la poca atención -que no desprecio-
que ayer presté a la estrofa castellana.
_____________________
Entiendo, y comparto, tus reticencias sobre los presupuestos de la recreación de versos clásicos. Hay intentos, no obstante, mucho más fundados y acertados que el ejemplo de Rubén. Pero lo que a mi me interesa son los resultados: no tanto de donde parten esas formas métricas como lo que esos moldes pueden traer en nuestra lengua. Una forma de hexámetro, p.e., bien entendida, con un cuidado juego de cesuras, conlleva también una cierta distribución de palabras, de formas sintácticas, de figuras retóricas que el propio verso expone. Y perdón por usar estas palabrejas, pero es la forma más práctica de escribir condensado que este tipo de comunicación nos impone. En cualquier caso, y si te interesa seguir con el tema (sin cansarte a ti y a tus lectores), no faltan suculentos ejemplos con que ilustrar estas áridas teorías.
Un brindis con tsipuro, salud.
Jo, qué moderno. Por otra parte, qué evidente. Y se puyede aplicar hasta para vuestro negociado, el poético, digo.
Teníamos algo de Chesterton pendiente...
Me parece interesantísima la entrada –con independencia de mi confesa admiración por Don Gerardo– y los comentarios que ha provocado.
No se puede escribir sin forma. La que sea, la que el poeta elige que sea, cuadre o no con la que hasta un momento determinado ha sido. En realidad, no se puede hacer nada sin forma. Lo dices tú perfectamente: “…el artista elige un camino y establece unos límites…” El error de la “barra libre” es el eco más lamentable de la modernidad “posmodernizada” que en lo único que se traduce es en el coma etílico; un mal que acaba siempre en urgencias hospitalarias. Tan cierto es esto, que la poesía, el arte en general, es un síntoma: las épocas que no saben dónde están ni por qué son tienen una temperatura corporal “caótica”; y quien dice “corporal” está diciendo “artística”
No hay libertad sin obligación: aquélla sin ésta deja de ser aquélla y se convierte en una definición imposible. Para los astrofísicos el mundo llega a ser racional porque “decide” reglamentarse, someterse a leyes. Anaximandro opinaba algo parecido: el principio es el caos, lo no definido, lo no determinado. Romper con esto es el ejercicio de la libertad –aunque esta apreciación no la introdujera el sabio milesio–. Desgraciadamente, al cabo todo está condenado a regresar a ese origen de indefinición y amorfia. Los mismos astrofísicos de antes llaman a esto entropía, mejor dicho, muerte entrópica. Claro que para Anaximandro no es un problema: todo volverá a empezar. Es lo que dices tú sobre la historia de la literatura: “…un tiovivo, donde todo se pierde y todo regresa”.
Me ha encantado encontrar por aquí a Rafael, que es un virtuoso de las formas… que él elige.
Un abrazo.
Caray, Rafael, gracias miles por concederme ese raro momento Violante junto a Don Gerardo, que no me pone nada violento, bien al contrario :-) Un soneto con todas las de la ley, sí señor.
***
Volviendo a nuestros hexámetros, el ejemplo de Darío es, evidentemente, un caso peculiar. El autor, por cierto, tenía una gran fe depositada en esos nuevos hexámetros, y hoy los salvamos por ser versos excelsos, como todos los suyos. Se añade, también, su delicioso sabor de época. No sé si conoces un libro titulado "Teorías métricas del siglo de oro", de Emiliano Díez Echarri. Es de los años cincuenta, una tesis doctoral tan divertida que se puede leer como una buena novela de aventuras. Le dedica un jugoso capítulo a los experimentos de adaptación de versos clásicos en que ya andaban metidos una serie de curiosos preceptivistas de la época. Esto es un viejo anhelo que cíclicamente aparece en el ámbito romance cuando nos acomete un cierto complejo con los griegos y los romanos. Qué diablos, es que a todos nos gustaría escribir dísticos elegíacos, por ejemplo. Experimentar, se puede experimentar. Pero los resultados, con más o menos poesía dentro, siempre me recuerdan al sonido de los clásicos grecolatinos en nuestra voz actual. Ahora bien, ¿sonaba así Homero? No, desde el momento que nuestra lengua no distingue fonológicamente entre largas y breves. Vale, están también los heroicos defensores del ictus, pero sus pruebas no me convencen. Digamos que soy fundadamente cuantitativo. También es verdad que la oposición larga/breve distaría mucho de ser esa perfecta compensación de compases que suponían las tesis musicalistas. Y esto nos hace sospechar una versificación mil veces más misteriosa e "irreproducible". Si los musicalistas tuvieran razón, esos versos se podrían imitar con un ordenador y un buen software de edición musical. Supongo que alguien también lo habrá intentado... En fin, garcilaso importó el endecasílabo italiano porque era capaz de vivir dentro de ese metro. Nosotros padecemos un exilio sine die de los versos y la prosodia clásica. Lo cual no impide que se produzcan divertidas herencias, como el caso de "nuestro" endecasílabo sáfico, que es, ni más ni menos, el sáfico de Horacio cuando se empezó a leer mal y el acento de intensidad se hizo con el ritmo, y dio lugar a una cadencia inusitada. Bueno, al fin y al cabo, el castellano es el latín mal hablado :-) Vamos, que estamos arromanzados hasta el cuello.
Un abrazo y otra botella, a la manera de Arquíloco.
Pianista, Chesterton estará de botellón el 23 por Madrid. Si es que te tenías que venir, hombre. hablaremos, hablaremos sobre Chesterton. Creo que habrá sitio para ambos y alguno más que se quiera apuntar.
Antonio, siempre es un placer coincidir contigo y con don Gerardo. Y con Don Rafael, sagaz y estimulante contertulio, traductor de don Constantino y provocador de sanas envidias por su situación geográfica. No quito ni pongo ni una coma a lo que has dicho de manera tan impecable. Desde luego, todo en este mundo es voluntad y capricho.
Un abrazo.
Ay, don Juan Manuel, a riesgo de ponerme más pesado que Petronio no puedo resistirme a responder en esta cuestión que me lleva ocupando tantos años -sí que he utilizado a menudo el libro de Díaz Echarri y otros trabajillos al respecto . Ojalá algún día se hiciera una de esas psicofonías y oyéramos al fantasma de un aedo (o no, quién sabe qué horror nos podría causar). Pero, prosodia e ictus aparte (aunque no me faltan argumentos “naturales” en favor del último) está claro que el ritmo es ¨cosa de dos”, engendro de la diferencia, y que basta tener dos elementos bien diferenciados (en nuestro caso el acento), para lanzarse a montar compases, pies, versos, estrofas y contravueltas. Con ellos, pues, se pueden hacer combinaciones de sí o no sobre cualquier esquema, aunque le falte la prosodia.
En cualquier caso, insisto en que todo eso pertenece a otra esfera de mi interés, y en el caso concreto de la creación poética lo que digo es que me parece que ciertos poemas montados así logran una musicalidad que a mí me resulta placentera, con independencia del gusto prestigiado o apolillado que de conocer su origen pueda sentir el lector-oyente.
Para mí sí que es un placer encontrar por aquí a Antonio, que tan abandonados nos tiene por sus lares.
Y buenas noches, que ya me vale.
¡Nada de pesado, don Rafael! Que uno también tiene barrenado lo suyo sobre estos asuntos y en mi pueblo no me dejan hablar de ellos. Y es todo un placer hablar contigo. Percibo que, esencialmente, estamos de acuerdo. Yo creo que todos estos metros, si son poesía, son bienvenidos (un metro no existe sólo como una suerte de arquetipo, o como un traje presto para ser rellenado de carne), pero insisto en que son metros castellanos, trillados o vírgenes. Si luego les queremos llamar hexámetros, senarios yámbicos o lo que sea, eso ya queda al gusto de cada cual. Catulo también podría apropiarse con todo merecimiento de la rumba. El oído, al cabo, es quien manda. El oído y no el papel. Ni la preceptiva, que convierte en leyes fijas el capricho de una nube. Hay caprichos que insisten en repetirse, y eso es lo que llamamos tradición, algo que se reinventa constantemente. En todo caso, con ictus o sin ictus, me temo que de la poesía clásica, tal como sonaba, somos incapaces de aislar el elefante. ¿Y cuándo no se nos escapa el elefante? Si ahora leemos a Safo como si fuera casi neogriego, intensiva y no tonal, eso nos abre en el fondo nuevas posibilidades acústicas. ¿No dicen que los cigarros toscanos tienen ese incomparable aroma gracias a una larga noche aleatoria de tormenta? Y en el fondo, todo poema es una construcción del auditorio y, acaso, también del tiempo. Nunca del poeta. Y ese elefante llamado poesía siempre esquivo al escrutinio. Como debe ser, que, si no, no tendría gracia. Y a medida que escribe uno, se va dando cuenta de que no sabe nada. Ay.
Buenos días en torno al elefante
Pasaba por aquí y no puedo dejar de comentar yo también. La traducción de poesía exige mantener algo de la forma del original o, si esto no se puede, evitar homogeneizar lo distinto en verso nuestro que no suena como el de la lengua de la que se traduce. Aparte de los acentos y de la rima, hay otras formas de embellecimiento del verso, como la aliteración. Cirlot lo vio al frecuentar poemas célticos y germánicos, y trasplantó esos sabores a su propia poesía (véase "Bronwyn"). Los Lerate han traducido muy bien la antigua poesía anglosajona, con la marcada separación del verso en hemistiquios y su sistema acentual. Pero se pierde la aliteración. Pound entendió que ésta era esencial, y la mantuvo en su versión, algo libre, de "The Seafarer". A veces me he permitido traducir estos poemas del inglés antiguo aliterando, y así me salió una "Batalla de Maldon" muy sonora, creo.
De vez en cuando me invitan a traducir "Beowulf" (como por otra parte hizo Heaney). Todo se andará.
Un abrazo.
Pues bienvenido a la juerga, Antonio. Creo, como dije alguna vez por ahí, que la traducción de poesía es un género literario más. La fidelidad, un término muy dúctil, tal vez un recurso o una estrategia o una ficción como otra cualquiera. Como mantener el mismo número de versos. Manías o caprichos. Pienso, por ejemplo, en las traducciones de Segalà i Estalella que han entregado a tantas geneaciones un Homero en prosa (que no prosaico). ¿Es posible un Homero en prosa? Todo es posible, un camino más en una serie que tiende a infinito. Al fin y al cabo, los poemas pueden cambiar con el tiempo y de voz en voz, no son inmóviles. Yo, por ejemplo, traduzco a Homero en algo parecido al pie de romance. El octosílabo no tiene nada que ver con el hexámetro, formalmente, pero tal vez sea una metáfora del hexámetro: un verso cambiante y fantasmal que busca insistentemente la prosa y a la vez sugiere un ritmo soterrado. En fin, que nadie diga que no he escogido mi propio naufragio :-)
Me declaro lego total en los versos anglosajones. Creo que Tolkien desplazaba la aliteración a un papel secundario, de ornamento, mientras que veía fundamental el juego de acentos. Una opinión más, supongo. En todo caso, la aliteración es un vestido que, con ciencia y arte, le sienta muy bien a nuestra poesía, aunque no tenemos ese cascabeleo consonántico de los germanos. Y nuestro verso clásico es primordialmente acentual, así que, al menos fonológicamente, los ingredientes están servidos. Que sepas que espero con mucho interés tu Beowulf. A pesar de la hora, te mando un barril virtual de Guinness para animarte.
Un abrazo.
Eso eso, cuestión de oído, y la aliteración que apunta Rivero tampoco es ajena al hexamtero latino.
Interesante sería qu Catulo se apropiara la rumba, pero para eso tengo que desenpolvar el latín activo. Como ya cumplí con Catulo en lo de la traducción rítmica (lo tengo en ediciones clásicas, por si te interesa), me permito ahora que la rumba se apropie de él. Y así, si en el pueblo no nos dejan hablar de estas cosas (y hacen bien), se la colamos cuando venga Manolo Escobar (o Estopa) por la feria:
Ay cateto de Catulo
no seas desaborío,
y manda a tomar por culo
lo que ya tienes perdío,
no se, no seas desaborío, leré,
y manda a tomar por culo, leré,
lo que ya tienes perdío...
Te cantaba a ti otro gallo
cuando a tu gachí seguías,
la gachí que ningún payo
querrá como tu querías.
Qué juerga en aquellas fechas,
tú le pedías caprichos
y no se hacía la estrecha.
¡Ese gallo era otro bicho!
Si ya no le da la gana,
no la quieras tú tampoco,
no sigas a esa gitana
que vas a volverte loco.
Ponte duro, dale caña.
¡Hasta nunca, chavalita!
Catulo ya no se engaña
y tus espinas se quita.
Ya no va a pedirte nada
y entonces, qué negra pena,
qué vida tan desgraciada
la que te espera, morena.
¿Quién va a pedirte amoríos
y arderá por ti en deseos?
¿A quién llamarás querío?
¿Con quién besos y morreos?
Ponte duro, dale caña...
Y que nos pongan una botellita de fino y unos pimientos fritos, hombre.
Rafael, alguien que visita asiduamente este blog sabe que llevo cerca de un año amenazando con que voy a escribir una rumba. Y que no me pongo, oiga. Elegíaco que está uno últimamente, con sendas estatuas ecuestres en cada oído, y eso no es plan. Me ha divertido mucho ese Catulo en toga de campana y patillas a punto de puentear un simca. Ni los chichos. Enhorabuena.
Buscaré tu traducción rítmica de Ediciones Clásicas.
Un abrazo.
¡Ja, ja, ja...!
Reconocerás conmigo, Juan Manuel, que Don Rafael es único.
Quedo a la espera de tu rumba.
Ya estamos trabajando en ello, don Antonio :-). A ver si me acuden las musas en moto. Don Rafael, genio y figura.
Un abrazo con guitarra.
Ay, esa rumba...
En la pintura pasa igual, muchos pintores no saben pintar y se amparan en "el ...ismo". Yo tuve un profesor que siempre me dijo: "la mano se educa en el dibujo, el color debe salir de ti, pero si no educas la mano y no tienes buen gusto, dedícate a ser "...ista".
A mí me encanta la pintura de todas las épocas, formal e informe, colorista y apagada, realista y abstracta, pero siempre y cuando sea pintura.
Un saludo
...me quedo mudo, se me traba la lengua, me entran sudores, me zumban los oídos y sudo como un pollito... no son síntomas de sáfico amor, es que me estáis poniendo colorado, hombre, ya está bien.
Hablando de Safo y de las nuevas sonoridades que decías el otro día, no sé si conoces las canciones de Angelique Ionatos sobre Safo (en griego antiguo y en traducción moderna de Elytis), y en general la música de esta maravillosa griega casi desconocida en Grecia. En fin, puedes ver en dailymotion una de las mejores piezas buscando por "Angelique Ionatos Sappho asteron panton" (perdona pero soy un desastre para poner links y en general con estos engorros informáticos).
Ya me contarás...
Disculpa la tardanza en contestarte, capitán. Efectivamente, yo creo que los ismos sólo deben ser (si sirven para algo) estímulos personales y no un refugio de impotentes (artísticamente hablando). El artista, si es de verdad, trasciende el ismo, si lo hay.
Saludos
Rafael, la Ionatos es una grande, ya la conocía. Y sus cosas sáficas, en conjunto, me gustan más que las de la Arvanitaki. Aunque he de decir que la mejor incursión de Safo como letrista de la canción griega está, para mi gusto, en el segundo corte del disco Tragoudia Gia Tous Mines, de doña Eleuteria. Aunque sólo sea porque la música es de Ara Dinjan, que acierta totalmente con el tono melancólico y misterioso del fragmento. Si no lo conoces, lo puedes escuchar aquí
El año pasado escribí estas líneas sobre la traducción de Safo.
Todo un mundo la canción griega. Yo soy melinakanista hasta la médula. De hecho, doña Melina es musa oficial de este blog, aunque ella no lo sepa :-)
Un abrazo.
Espero que la rumba llegue un día, Olga. Son malos tiempos para el arte (menor).
besos.
Creo que era Elliot quien decía que el verso libre es el menos libre de todos... Gracias por colgar este fabuloso texto de Gerardo Diego.
Siempre he pensado que alguien que no es capaz de escribir un soneto no tiene derecho a llamarse poeta, aunque luego lo que haga público de su obra no tenga nada que ver con formas tradicionales. La correspondencia con la música que establece Gerardo Diego es magnífica. El compositor polaco Krysztof Penderecki dice, por ejemplo, que él no estaría dispuesto a dar clases de composición a un alumno que no supiera escribir una fuga.
En pocas palabras, el dominio de formas tradicionales es experiencia necesaria con el lenguaje, es convivir con las palabras hasta conseguir, como diría Valente, mantener relaciones carnales con ellas. Después es necesario hacer las formas invisibles, que la maestría -que por sí sola es violencia- se transforme en la forma de una entidad viva, absolutamente necesaria en ese modo de darse en relación con su contenido.
Es por lo que pienso que, en nuestro mundo moderno -salvo excepciones en que se juega precisamente con el carácter artificial de la propia forma- escribir sonetos es un ejercicio meramente porque es una forma primitiva incapaz de ajustarse de manera natural a la complejidad de la conciencia del hombre contemporáneo: el artificio es demasiado visible y a un poeta le gusta muy poco igualar la vida a una ecuación.
Hola Vladimir. Yo no creo que estén agotadas, ni mucho menos, las formas que llamamos tradicionales. Son capaces de reinventarse constantemente. Debemos reinventarlas cuando nos hagan falta, con esa libertad de que habla Gerardo Diego, sin prejuicios de época. Porque tampoco creo, como dije más arriba, que se deba aplicar al arte cualquier idea de evolución histórica. El verso "libre" es tan artificioso como el soneto, evidentemente. No debemos huir del artificio. Bendito artificio. De hecho, el punto clave del texto de Gerardo Diego está, creo yo, en la defensa apasionada de la retórica. Habrá sonetos malos, claro, como poemas en verso libre malos, y poemas en prosa peores, o lo que sea, en la medida en que les falte la retórica, la buena retórica, el artificio, sí. La sonatina de Rubén Darío sigue siendo hoy tremendamente actual. Podría volverse a escribir. Ojalá se vuelva a escribir. Otra cosa es que nos interese, de vez en cuando, abrir otras puertas y estrenar (si a estas alturas es posible) nuevos caminos por mero placer, pero no por la obligación de adaptarnos a un presunto requerimiento de nuestro tiempo. Porque, hagamos lo que hagamos, todos somos de nuestro tiempo, de eso no nos podemos librar.
Vivimos, en fin, épocas muy mediocres, lastradas de prejuicios de toda índole y por todas partes. Olvidémonos ya de una vez de la métrica, de la forma y el fondo (esas dos entelequias que tanto daño han hecho) y hablemos de poemas buenos y poemas malos. Creo que es necesario en este país una nueva revolución como la del 27 y poner orden de una vez por todas en este caos que venimos arrastrando desde la posguerra.
Por lo demás, en lo único en que no estoy de acuerdo con el texto de Gerardo Diego es en eso de que nuestros antiguos poetas no eran libres. Yo creo que sí. En el fondo, todo gran poeta lo es.
Un saludo y bienvenido a esta bitácora.
Hola Juan Manuel, gracias por tus palabras y por tu crítica. Sólo quería ser "dogmático" en el hecho de que pienso que es necesario para un poeta asimilar y dominar las formas tradicionales. En el otro aspecto, y en mi crítica a la escritura del soneto en nuestros días, no quería hablar dogmáticamente -ojalá se sigan escribiendo magníficos poemas en formas tradicionales-modernizadas y los poetas sigan sintiendo la necesidad de escribirlos- sino sólo intentar sintetizar mis experiencias como lector de poesía. Éstas me muestran que, en la actualidad se escriben muchos sonetos, pero muy pocos tienen valor. Jose Miguel Ullán, este gran poeta de nuestro tiempo, sí que escribió unos pocos sonetos geniales, por ejemplo. Naturalmente, es imposible evitar el artificio, porque el arte es mimesis y, como tal, artificio. Yo hablaba sólo de una actitud de querer hacer invisible el artificio en pro de la búsqueda de una naturalidad más avanzada. Y en vez de hablar de forma/contenido, métrica, etc. como tú bien dices, creo que haríamos mejor en hablar en general de "ritmo". Hay poemas buenos y poemas malos, y el modo de establecer una crítica de esto es en el ritmo, el alma del poema. Ritmo no solamente métrico/prosódico, sino también de las imágenes, espacial, psicológico, etc. Así, mientras pienso que merece la pena intentar escribir nuevos sonetos, la forma de estos impone severas restricciones en las concepciones del ritmo que podemos hacernos a todas las escalas del poema -salvo quizá el de las cláusulas métricas o experimentos novedosos con la sintaxis-. Los grandes poetas del pasado han sido tanto más grandes cuanto más lejos han llegado en su indagación sobre el ritmo y han investigado con creces las posibilidades expresivas del soneto. Que todavía puedan escribirse buenos sonetos no deja de ser un milagro y una sorpresa. Pero si no queremos repetir lo que ya se ha hecho creo que es más fértil indagar en otras formas o inventarlas si no queremos estar toda la vida dándonos coscorrones contra algo que en sí no es tan importante: al final lo que es importante es escribir un gran poema, no un gran soneto -aunque un gran soneto pueda ser un gran poema. La forma, en sí, no tiene ningún prestigio, sino el poema como un todo. A esto me refería. Pero naturalmente, una búsqueda sólo puede emprenderse con la experiencia y el conocimiento ganados desde lo ya existente.
Creo que los dos estábamos -en el fondo- de acuerdo, y por eso me he extendido ahora tanto, intentando aclarar mejor mi postura.
Un abrazo, maravilloso blog. Aprendo y descubro muchas cosas en él.
Totalmente de acuerdo, Vladimir. Y es un placer.
Por otra parte, creo que hay una falsa o artificial dualidad cuando hablamos de forma y fondo, que es una distinción "de escuela". Y lo que entendemos por preceptiva no deja de ser una serie de reglas a toro (o poema) pasado que pretenden, o pretendían, ser universales, totalitarias. Y los endecasílabos, las estrofas, no existen como una posibilidad a priori, no son recipintes para ser llenados de forma electiva. El poema, sencillamente, sucede. Un versificador dirá: "voy a escribir un soneto". Mientras que un poeta se contentará con decir: "esto sólo puede ser un soneto". Extendamos el ejemplo al resto de posibilidades... Como tú muy bien dices, el ritmo puede estar en mil cosas, incluso en la ausencia (aparente) de ritmo. A veces el arte quiere ser simétrico, pero otras no. En ocasiones, un tono discordante, un elemento inesperado puede ser la clave que compense el todo de alguna forma.
Todo poeta quiere hacer algo nuevo, qué duda cabe. Ya lo decía, incluso, Homero por boca de Telémaco :-) Pero lo que hace a un poema grande, ay, eso ya es un misterio.
Un abrazo, y me alegro de tenerte por aquí enriqueciendo este blog.
Gracias Juan Manuel, ya la he escuchado, y lo volveré a hacer.
Conocía la existencia de tu versión de Safo, y es una de las primeras cosas que compraré cunado vaya por España. Lo que no había leído es ese texto que lo explica todo tan bien. Esa fue la mejor lección (de las muchas) que he aprendido del maestro (scil., Agustín García Calvo): que la traducción HAGA lo que el original, o al menos HAGA algo. Y sí, lo primero e vivirlo... "no traduzcáis un poema que no hayáis aprendido de memoria, y repetido mil veces cuando vais en el metro o antes de dormir", solía decir. Y cuántas cosas se sienten de un poema en ess u otras circunstancias, tan dstintas de la lectura en el sillón a lo Cortázar, con güisquisito y Charlie Parker.
έμμεναι κάλλιστον... κήν' όττω τις έραται.
Qué grande, García Calvo, con todos sus contrastes, pero grande. ¿Fuiste alumno suyo, pues? Me ha encantado esa frase que citas. Un poema tiene, sí, que ser memorable. Esto es, digno de ser recordado, incluso si tiene 20.000 versos. Demasiados, tal vez, para nuestra precaria memoria con todas sus servidumbres, pero siempre nos quedará la memoria de Homero, por ejemplo, que deja pequeños a todos los servidores de internet.
Cuanda vengas por aquí, sería un placer que nos viéramos y así poder regalarte mi libro de Safo. Las páginas pares, al menos, no me dejan mal ;-)
Un abrazo.
Muchas gracias, Juan Manuel, por el ofrecimiento. Sé que me encantará leer las impares. Cuando voy por ahí no suelo ya parar mucho en Madrid, pero todo se andará.
Tuve,sí, la suerte de ser alumno de García Calvo (y en métrica latina, nada menos), y en general lo teno entre mis maestros por muchas razones; también, quizá, por esos contrastes, que como el dice "todos estamos hechos de contradicciones". Y menos mal.
Aunque esto ya se está alargando mucho, y no sé si alguien nos seguirá leyendo, quería proponer un juego a propósito del verso "libre", el ritmo y el oído:
"Buenas tardes, queridos amigos. Presten oído, lean, reciten. No les engañe mi juego. Pruébese la libertad de letra y ritmo, pausas y acento. Sin más arte que la mentira, puedo decir: ni prosa digo ni verso, y aun sin que los dedos de las manos nos den testimonio, parece ser que seguimos algún compás. Y aquí llegó el final. Final."
¿Se siente un ritmo? ¿Algo famliar?
Es para mi un gran placer asomarme a estas conversaciones, de las que tanto se aprende. Quiero sumarme a las opiniones que rechazan que el soneto sea una estrofa agotada: no es sólo que su disposición rítmica y sonora admita innumerables variaciones y experimentos, incluida la variante «soneto corto» (en octosílabos, por ejemplo), que tan divertidamente le lleva la contraria al conocido chiste ("voy a leer un soneto" / "pero que sea cortito"). Me parece, además, que la forma soneto también implica una tesitura, un tempo emocional, incluso una sugerencia argumental y dramática (planteamiento-nudo-desenlace), que continúan brindado grandes posibilidades precisamente por su capacidad de funcionar bajo planteamientos estéticos que pueden estar muy alejados de la retórica clásica. Y en cuanto a lo que se apunta del soneto como «piedra de toque» de la capacidad expresiva del poeta, creo que, en efecto, todos los grandes poetas han demostrado alguna vez su pericia con este diamante de las formas estróficas. Quizás haya excepciones, pero no se me ocurren.
Con su permiso (y el de la muy docta concurrencia), me atrevo a colgar este "homenaje al soneto" en uno que confío en que al menos resulte divertido (con su intruso alejandrino inlcuido).
Porque es firme y se curva y es discreto,
breve y denso, fugaz y equidistante,
río abrupto y también caudal constante
que esculpe su trazado: azar concreto.
Por su ademán de caballero andante
que mueve con su lanza el aire inquieto
de una larga memoria mientras vela el secreto
de toda su locura consonante.
Y porque, siendo cárcel, es la espuma
que salta por encima de la roca
y cae más allá de su caída...
Me parece que aún cabe en esta suma
de sonidos la cifra de la poca
luz que alumbra la tarde ya vencida.
Un saludo.
Precisamente estoy leyendo ahora un poema de John Ash que acaba así en español:
El taxi se detiene en la otra orilla, sus faros arden.
No pude fotografiar nada de esto para ti.
No puedo mostrarte su reflejo en el parabrisas
Puedo hablarte de la lluvia: No llueve.
El título es Suspensión de las ganas. Me ha parecido muy propio para tu entrada.
Muchas gracias Juan Manuel.
Amén, don Rafael. Ahí queda eso. Lástima que no tengamos largas y breves en castellano! ero es que no se puede tener todo en esta vida :-)
Ojalá podamos vernos por aquí, Safo mediante. En todo caso, mi dirección de correo está en mi perfil.
Un abrazo homérico.
Gracias por regalarnos tu magnífico soneto, Alfredo. Me ha gustado especialmente el terceto final. Yo creo que todos los aquí presentes, en el fondo, coincidimos en la no agotabilidad del soneto, aunque cada uno aporta sus matices, como es natural. Yo opino que el soneto no existe como posibilidad, pero sí como acto. De todas formas no creo que sea necesario para "educar" un poeta. Vamos, que no es obligatorio. Por ejemplo, Catulo no escribió ninguno, pero sí parece que flirteó con la rumba como nos demuestra la traducción que hizo el poeta de Verona de la rumba de don Rafael. Si bien fue incapaz de superar al original.
Pero, aunque el soneto no esté agotado, me parece que está pasando por una de sus peores crisis. Muy parecida a la crisis del jaiku, en su vertiente sureña y coñazo. Hablaremos aquí del jaiku algún día, pedazo de tema. Yo, por ejemplo, pienso hablar muy mal.
Bueno, bromas aparte, gracias por tu comentario y por tu soneto, con su alejandrino y todo.
Abrazos.
Gracias a ti, Ana. Ya sabes que no dejo de animarte en esas traducciones. Un besote, y espero verte mañana en la actuación de nuestro insigne Juan.
Bueno, Juan Manuel, en este caso no era cuestión de cantidad: si el "Amén" se pone en lugar del "Final" de mi juego Final, y en lugar de "Buenas tardes" "Padre Nuestro", tienes la clave de que su ritmo resulte familiar. Es un experimento que da mucho juego para otras ocasiones. Y espero que hablemos de él alguna vez por la Latina con unas cañitas por delante.
Τα λέμε.
Me refería a la tendencia dactílica del texto, con lo de las largas. Por ahí venía el amén, sí. Pero el ritmo es algo más complejo, convendrás. Como se dijo más arriba, son cienes y cienes las cosas que influyen, imágenes, sensaciones, palabras... La pregunta del millón: ¿por qué un segmento como "el viento como arcángel sin historia" (Lorca) se me enquista en la memoria aunque no quiera, mientras que otro segmento fónico con igual número de sílabas y disposición de acentos me puede resultar tan anodino como una frase de Guti? Y entonces es cuando llegamos ante el tabernáculo de la poesía cerrado a cal y canto y ya sólo nos queda beber y pedir una de calamares.
Y la segunda pregunta, ¿Nos publicará alguien este chat que nos traemos aquí?
Pues claro hombre, el mismo ritmo tiene tu verso lorquiano que "corrientes aguas puras cristalinas", que podría aparecer en medio de un texto de un folleto de turismo rural perdiendo toda su gracia, o ahora mismo diciendo "endiña otra ración de calamares".
Pues no sé, pero con este chat nos estamos poniendo estupendos o, como dice un borracho al otro, "no bebas más, que te estás poniendo borroso".
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