miércoles, 21 de enero de 2015

Noches Áticas comienza su andadura

Portada de Noches Áticas creada por Pablo Pámpano

Ya está por fin disponible en la red el magacín Noches Áticas, un proyecto y una aventura cargados de ilusión, ideado, creado y codirigido por Anna Montes Espejo y un servidor. 

Junto a sendos textos de ambos, nos acompañan textos y creaciones inéditas de Anna M. Andevert Llurba, Luis Artigue, Gerardo Cardenas, Estefania Córdoba, Francisco Estévez, Trinidad Gan, Antonia Huerta Sánchez, Toledo Llaboratory, Javier Mateo Hidalgo, José Manuel Mora Fandos, Elías Moro, Abel Murcia, Antonio Ortega Anton, Pablo Pámpano (autor de nuestra portada) y Mari Nieves Vergara. No os perdáis tampoco la sección del Cuestionario cinéfilo, creado por Anna, donde distintos poetas y escritores nos irán dando su visión del cine. El cuestionario lo inaugura respondiendo Iván Humanes. Y ya estamos aquí, un lugar para el ensayo en internet, los textos fronterizos, y un diálogo entre las artes (cine, literatura, artes plásticas, teatro, fotografía, música...). A partir de ahora iremos actualizando de manera continuada. Ya sabéis que estáis todos invitados a ofrecernos vuestras propuestas.

Ahora os invitamos a entrar en estas nuestras (y vuestras) Noches Áticas:


sábado, 17 de enero de 2015

Próximo estreno de Noches Áticas



Por fin este miércoles 21 estará en el aire Noches Áticas, el magacín on line de Cuaderno Ático ideado, creado y codirigido por Anna Montes Espejo y un servidor. ¡Os esperamos!

martes, 30 de diciembre de 2014

Año viejo / año nuevo

Pensar cómo ha podido arder un año entero nos lleva a un gran misterio, y no hay melancolía peor que la de resolver los misterios. Solo los descreídos, los cansados, los tontos le levantan un aparato crítico a las mariposas en su brevísima jornada. E ignoran que en el centro mismo de la escarcha, en la noche más fría, se está urdiendo otra vez el secreto de los mirlos. Conviene recoger unas pocas alhajas bajo las cenizas del año: el don de la ignorancia y el asombro y la fascinación, el acertar a conducirse por el mundo, igual que por una fiesta, con la sutil discreción de un diletante. Es la pequeña certeza que late muy al fondo, tan débil y vulnerable como un repentino hexámetro, tan íntima como la fiebre de las naves, tan llana como ese mar del poeta que --según dice-- tiene el color del vino.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Revista Turia,112 / Cavafis

Ya por casa el número 112 de la gran revista Turia: 480 páginas (nada menos) de más que prometedora lectura. Todo un honor estar allí con mi traducción y nota de seis poemas de Cavafis (cuatro de los llamados "canónicos" y dos del grupo de los "ocultos"), pequeño aperitivo de nuestras próximas "poesías completas" del gran poeta alejandrino.



sábado, 20 de diciembre de 2014

Estribillo

Estos días que preceden a la Navidad llevan su peculiar melancolía. Quizás sea el sentido de lo cíclico y lo estacional, la vuelta de los años, el giro del Tiovivo. Recuperamos sabores y gestos, asistimos a escenas y lugares largamente repetidos, que creíamos olvidados, pero que vuelven una vez y otra vez, y están ahí, tan nítidos como siempre, para volver a perderlos y olvidarlos de nuevo. ¿Es una terca reiteración de mundo, su propia enfermedad, o tan sólo el cansancio de una madrugada cualquiera? Tal vez la lírica popular y su prosodia, de donde surgen los villancicos, los más horribles y los más inesperadamente bellos, tenga la respuesta, o al menos el consuelo. El estribillo memorioso, que regresa intacto en su latido, como el ritmo del hombre en Arquíloco de Paros. Pero el estribillo --y ese es su misterio-- nunca vuelve igual, aunque así pudiera creer un auditorio distraído. Siempre hay un suave matiz en la voz, una inflexión, que lo hace definitivamente otro, fiel e infiel a sí mismo. Se avecina una nueva Navidad, insalvable como un estribillo. Y a pesar del cansancio de la madrugada presenciamos esta curiosa adivinanza: el mundo es infinitamente viejo y también infinitamente nuevo y joven.

martes, 16 de diciembre de 2014

Leyendo a Anna

Dejó escrito Juan Ramón Jiménez en alguna vuelta de su particular sonambulario de aforismos que el cine nada tenía que ver con la literatura. Es probable que el poeta de Moguer quisiera tener al llamado «séptimo arte» (o, al menos, lo que llegara a atisbar de él) bien alejado de su universo estético. Pero cómo no apreciar, aun a despecho suyo, la justicia que esconde el enunciado. El cine --ay-- ha sido tantas veces considerado como una especie de pariente pobre de la literatura, diríamos una literatura iletrada que ha merecido a menudo la condescendencia, cuando no el desdén descarado, de parte de esa élite adoradora de lo libresco. Una frivolidad tecnológica del ya viejo siglo XX, incapaz de subsistir con un mínimo de dignidad sino es a la sombra paternalista del prestigio de la letra impresa. Precisamente, los textos sobre cine que Anna Montes Espejo (Tarragona, 1990) firma y publica en diversos medios escritos son el mejor antídoto para curarse y despertar de esa malsana quimera.

Anna es filóloga y cinéfila. Pero estos dos adjetivos, en ella, nunca suenan vacíos ni huecos; más bien repican con la rotundidad de un campanario a mediodía. Ni la venerable disciplina lastrada por generaciones de planos escoliastas de gabinete, ni ese grado con que algunos se condecoran en no poca osadía. No. En ella tanto la filología como la cinefilia son dos íntimos estados de ánimo, dos profundos temperamentos que la definen. Pocas veces el término griego de ambos compuestos (filos) brilla y se agita con tanta verdad: amor. Basta hablar con ella para descubrir ese amor, esa pasión que entrevera sus palabras, tanto si habla de Unamuno como de Galdós, de Pasolini como de Bergman. Ese amor que es el más alto grado de inteligencia, pues no se rebaja al juego vano, tacaño y mal llamado «intelectual», sino que, con una mirada incansable, penetra dentro del objeto, lo ilumina y nos lo muestra como recién creado, fresco aún con las primicias del rocío. Un amor, como el amor de Safo, siempre insomne, con los ojos bien abiertos, que reconoce y define la belleza. Y ese amor, inevitablemente, deviene magisterio. Mi ignorancia es abismal y militante. Pero raras veces se ha llenado de tanta fascinación como al hablar con Anna o al leer sus textos.

«Reseñas», «crítica de cine»... Serían etiquetas injustísimas para referirnos a esos escritos suyos. Anna no pierde el tiempo --ni tampoco se lo hace perder a sus lectores-- en ese vanidoso ejercicio de desmontar el objeto y sacarle los resortes, para exhibirlos sobre la mesa como un trofeo inútil. Porque desmontar el juguete es demasiado fácil, pero lo que es difícil, imposible si cabe, es volverlo a montar. Porque ella sabe que la obra es mucho mas que la suma de sus partes, y que el arte, si merece ser tenido como tal, nunca nos dejará ver sus tramoyas o engranajes. Y es que la mirada de Anna es tan misteriosa como el objeto sobre el que irradia. No es la tibia penumbra que disgrega y cataloga (¿hay algo más parecido al desamor que un aparato crítico?); es la luz clara y nítida que encierra el íntimo, preciado secreto de la unidad.

Anna no habla ni escribe de las películas que ha visto con esa vanidad del coleccionista que sólo aspira a pasear su colección por los círculos sociales, ese «don Juan» de la cultura que no sabe más que recitar con fruición su catálogo de conquistas. Cada película, para ella, es una historia única e irrepetible. Sabe muy bien que el cine, como la poesía, como la música, como esa imagen (tal vez un cuadro, una fotografía, una lugar) donde verter el dolor por sostener la pureza de un instante, como nosotros mismos en suma, está hecho de tiempo, arena de oro que se escurre sin remedio entre los dedos. Y allí donde acaban las películas comienza, inagotable, la memoria.

¿No son las palabras la vigilia de Odiseo de Ítaca? Volver al hogar, recuperar el instante, recrearlo. Es el corazón mismo de la poesía, y en la mirada de Anna, memoriosa como el candil de una nave en mar abierto, noche cerrada, se ejecuta de manera admirable esa secreta y ancestral alquimia: decir con los ojos, mirar con la palabra. Porque entre la filóloga y la cinéfila arde y late, alimentando el fuego de ambas, esa tercera más sutil e inalcanzable, la poeta que destila en palabra cada preciado fotograma. Su poesía, como la verdadera poesía (en el sentido más aristotélico del término) no sabe de límites, géneros ni etiquetas. Siempre en la frontera. ¿Qué más da que unas veces la poesía tome la forma de un soneto a Beatriz y otras la de una prosa encendida sobre Un tranvía llamado deseo? La poesía siempre será así, distinta y única, como el cine: amor, nostalgia, tiempo.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Número 5 de Cuaderno Ático


http://cuadernoatico.es/index


Ya está en el aire ¡por fin! el número 5 de Cuaderno Ático. 131 páginas con colaboraciones y textos inéditos de Aurora Luque, Antonio Ortega Anton, Carles Mercader, Antonia Huerta Sánchez, José Luis Gómez Toré, Vicente Fernández González, Antonio Cabrera, Hilario Barrero, Rafael Fombellida, Maria Lopez Villalba, Abel Murcia, Teresa Domingo Cataà, Sandro Luna, Teresa Garbí, Olivia Martínez Giménez de León, Antonio Moreno, Aitor Francos, Mar Benegas, Carlos Iglesias, Ibon Zubiaur. En la sección "La biblioteca" publicamos una reseña firmada por José De María Romero Barea y poemas de Javier Sánchez Menéndez y de Trinidad Gan, pertenecientes a sus últimos poemarios publicados.

Asímismo, aprovechamos para anunciaros de nuevo la próxima salida de Noches Áticas, el magacín cultural creado y dirigido por Anna Montes Espejo desde Tarragona y por Juan Manuel Macías desde Madrid. Un proyecto de aventura y tanteo, de campo abierto y textos fronterizos, de quiebros sin tregua a los venerables cánones, de diálogo (tal vez conspiración) entre las distintas artes. Por supuesto, amigos lectores, estáis invitados a velar con nosotros en estas Noches Áticas de próxima apertura. Entre tanto, os dejamos con el tardío número de otoño de Cuaderno Ático, esperando que os agrade.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Reunión



Donde el tiempo conjuga un bajo amor de cuadra huérfana,
la memoria que fermenta envilecida en las paredes, sueña,
vieja yegua de días y de noches, aniquilada bestia,
condición dejada a los más mediocres crímenes
y a las navajas que gimen su larga progenie de gargantas.

Es hora de ajusticiar todos los himnos como a cisnes
antes de que los turistas del mundo disparen una sola duda entre las cejas.
Faltan mil años para todo.
Incluso para los acantilados.
Por eso, sueña.
Sueña y galopa al son que multiplica estatuas y ruinas en los posos del hambre,
y deshaz la constante del sur en tus belfos enfermos.

Es hora ya de ver si la memoria arde
con las brasas sublevadas a tu paso:
quemar el cofrecillo enmohecido por el exceso de ciudades,
donde las palabras son fotos apelmazadas
que miran a nadie desde un fingido lecho de sonrisas,
en un perfume terco, impaciente, oscuro,
esperando sin piedad el juego del aquí y el siempre.

Pero el envés de las palabras (lo sabíamos)
sólo es un tembloroso ajuar de ceniza: no pidáis más
que la muerte agazapada tras la orquesta
o la náusea aprendida al fondo de la chistera del mago.

Vieja yegua imposible,
crines de humo, lengua tendida, rompe
a llorar de una vez sin miedo ni cadenas
la lágrima perfecta, la nunca reclamada
por los traficantes de estaciones muertas.
Y escribe tu derrota con letras recién desenterradas,
húmedas, frías aún con la primera ignorancia,
una palabra de mil años hasta que la voz profane el aire sin vin remedio
y el corazón asuma al fin sus cuatro límites fatales.

Sueña en la nada prematura
y galopa hacia el poniente espantoso de los símbolos.
De aquí a mil años mil espaldas laceradas celebrarán al sol tu muerte inútil
y acaso nazca por ti un lamento oficial en los desayunos.
Pero qué bello, qué torpemente bello tu instante arrebatado, tu tránsito y tu abismo,
y este lodo de sueños donde tú y yo nos confundimos,
como si el verano tuviera un serio motivo para derrumbarse,
como si tú me quisieras decir algo en tu larga caída,
como si al final de la historia, cuando el poema se ha quedado a oscuras,
sobreviviera la orquesta la orquesta la orquesta.

(De Tránsito, DVD Ediciones, 2011)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Cavafis en Turia


Hoy se presenta el número 112 de la revista Turia, que viene cargado, como siempre, de interesante y jugoso contenido. En este número un servidor ha tenido el honor de colaborar con las traducciones de seis poemas de Cavafis, anticipo de nuestra próxima edición de la poesía completa del alejandrino.




sábado, 22 de noviembre de 2014

Alberca

Esa piel en remanso del agua y el espejo
donde resbalan ciegos eslabones de días,
opacos, duros como labios inapelables al beso,
y sin embargo nítidos, enrojecidos
por la luz volatinera con que el sol se divierte en una onda repentina.

El filo de una alberca, la memoria
donde el invierno se desangra en racimos de nubes.
Y las últimas aves que arrebatan al aire escorzos, despedidas.
El filo preciso que separa el amor imposible de dos mundos
o una senda desdoblada:
Una parte que rueda hacia el ocaso
con la ruina de la tarde, y nuestra vida a cuestas, con todas las preguntas.
Otra parte que queda esculpida en silencio,
en la sombra creciente,
acumulando el poso inútil de lo que ya no es,
precipitándose en su propio abismo
y en el color cansado, vagamente sepia,
del agua y la mentira.


(De Tránsito, DVD Ediciones, 2011)

jueves, 13 de noviembre de 2014

Noches Áticas, el magacín de Cuaderno Ático, próximamente




Estimados amigos, próximamente os podremos ofrecer la web definitiva de "Noches Áticas", pero mientras, os dejamos las directrices del magacín de "Cuaderno Ático" (www.cuadernoatico.es). Esperamos que os atraigan y emocionen como a nosotros, y ante cualquier duda o sugerencia no dudéis en comentárnoslo. Permitíos pensar en vuestras futuras colaboraciones, ¡la creatividad a proa!

"Noches Áticas", codirigido por Anna Montes Espejo y Juan Manuel Macías, nace como el magacín digital de "Cuaderno Ático", de periodicidad más continuada y flexible. Frente a la fosilización y maniqueísmo en que han tendido a derivar los suplementos culturales, y frente a los excesos habituales de la crítica académica, estas "Noches Áticas" serán una zona de juego y aventura. La idea es ofrecer literatura, arte verbal en torno a las artes, estableciendo vasos comunicantes entre las distintas disciplinas, más allá de la especialización de gabinete, del despotismo tecnicista o de la superstición del principio de autoridad.

Nos alejaremos también del elogio fácil y del favor urgente en que tantas veces desembocan las reseñas a obras de autores vivos. Intentar, ante todo, congregar textos, poemas, cartas de amor (y desamor) al arte; no análisis, sino trazos, tanteos, espirales. "Noches Áticas" no será tampoco, solamente, un suplemento de «actualidad cultural», por lo que se barajarán estampas sobre obras pretéritas, con aquellas que discurran sobre obras más recientes. Textos, en suma, confundidos en un presente libre y eterno, sin fronteras, ni membretes.

No es rebeldía fatua, es la concepción de un mundo y una alteridad complementaria y enriquecedora, es por ello que aceptaremos textos, además de en español, en otras lenguas. La extensión tampoco será un criterio limitador. Pero así como la creación y las industrias de traducción están reservadas para "Cuaderno Ático", este suplemento, en su diafanidad, se ceñirá a la publicación de textos de crítica literaria y literaria.




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miércoles, 22 de octubre de 2014

Poemas en Uno y Cero Ediciones

Uno y Cero Ediciones, la joven y muy recomendable editorial digital que dirige la escritora Teresa Garbí, ha tenido la gentileza de invitarme a colaborar en la sección de Firmas invitadas de su magnífica e interesantísima página web. Gracias a su hospitalidad, podéis leer allí cuatro poemas de un servidor. Los dos primeros pertenecen a mi poemario "Tránsito"(DVD Ediciones, 2011). El tercero es un inédito, de mi escasa (ay) producción de los últimos años. Y el cuarto, un poema en prosa que forma parte de un libro de prosas misceláneas, de próxima publicación. Mi agradecimiento a Teresa y a Uno y Cero Ediciones.



Crisantemos (María Polydouri)

CRISANTEMOS


¡Pálido púrpura! La lágrima se ha vuelto
una mágica gema en vuestra vestidura.
Qué importa que llevéis como corona regia
vuestra belleza en el oscuro invierno.

El beso del rubio sol, aunque fugaz
juegue por vuestra cabellera rubia de oro,
no será una esperanza, ni será un dulce sueño:
tan sólo sentiréis más fría vuestra nieve.

¡Pálido púrpura! Y el viento del norte
que os entona el «Hosanna» con todas las flores,
arranca vuestros pétalos antes de que se marchiten.

Y todas las alhajas que la escarcha humildemente deja,
y todos los exaltados cánticos de la tormenta,
en vuestro árido corazón florecen como lágrimas...