Urdimbre del verano
la araña teje:
reina de los rincones,
pequeña muerte.
Antes de que llegáramos
ya hilaba nieve,
envenenado y solo,
su frío vientre.
Y nos habremos ido,
y el sol de siempre
se mecerá en su tela
hecha de ayeres.
domingo 6 de julio de 2008
sábado 5 de julio de 2008
Lecturas de verano en DVDEdiciones.com
Llega el final de curso a la web de DVD Ediciones. Desde aquí, y por lo que a mí me toca, quiero dar las gracias por la inmensa acogida que el sitio ha venido teniendo hasta ahora. Y gracias también a los magníficos poetas que se han dejado invitar hasta el momento. Por eso hemos decidido seguir al pie del cañón, a ver qué pasa. Sergio Gaspar, el director de la editorial, y un servidor, vamos a inaugurar dos blogs paralelos dentro de la página para contarles nuestras lecturas de verano. Todo un género literario, no me digan. Hablaremos de los libros que vamos leyendo (o no vamos leyendo), pero también de nuestros blogs favoritos, de las hojas parroquiales o el folleto de instrucciones de un ventilador comprado en una tienda de todo a un euro: hay un momento para todo, entre la horchata y el tinto con gaseosa. Tenemos intención de empezar la próxima semana, antes de que se nos pasen las ganas y las lecturas de verano se conviertan en lecturas otoñales de verano, que es otro género literario. Los enlaces podrán encontrarlos en el inicio de la página. También, ¿cómo no?, tendremos nuevas firmas invitadas durante estos meses. No se quejarán.
Entretanto, y para compensarles los excesos publicitarios, les dejo el célebre fragmento de la genial "Un cadáver a los postres", uno de los más delirantes diálogos de la histora del cine. Ya saben, James Señor Benson Señora...
Entretanto, y para compensarles los excesos publicitarios, les dejo el célebre fragmento de la genial "Un cadáver a los postres", uno de los más delirantes diálogos de la histora del cine. Ya saben, James Señor Benson Señora...
martes 1 de julio de 2008
Ciudades perdidas
Hace mucho tiempo tuve un sueño que me dejó preocupadísimo. Yo era arqueólogo, nada menos, con un nivel de certeza que no se atrevería a discutir ni el más temible tribunal academico. Este gran detalle de mi inconsciente ya me hubiera hecho del todo feliz, pues no recuerdo haber cambiado nunca de profesión en un sueño. Pero lo mejor estaba por llegar. En efecto, con la autoridad que me daba mi nuevo estatus intelectual, juzgué oportuno iniciar unas audaces excavaciones debajo de mi cama. Tras arduo trabajo y no pocos destrozos encontré, con la misma fe del loco Schliemann para con su Troya, las ruinas de una ciudad inmensa y maravillosa, casi intacta a los vicios del tiempo, con todas sus lentas avenidas, sus orgullosos palacios y sus arriesgados monumentos. Yo buscaba esa ciudad. De hecho, me sentía un gran experto en esa ciudad. Había pronunciado terminantes disertaciones sobre ella ante otros colegas arqueólogos que me acompañaban en mi sueño, amigos oníricos ocasionales con los que nunca volví a coincidir. Y todos me aplaudían, y yo asentía hinchado de soberbia, repartiendo bendiciones a discreción. Y conocía el nombre de esa ciudad y lo repetía una y otra vez, fonema a fonema, de viva voz o en artículos publicados en las más rigurosas revistas. Era la palabra más hermosa que había escuchado jamás. Era una palabra larga y alambicada, y encerraba entre todas sus imposibles letras la historia de la ciudad. Pudiera haber sido una canción de cuna o una letanía de héroes o un catálogo de venganzas o una terrible historia de amor. La palabra era, en el fondo, la ciudad, pero también nombraba a todas las ciudades olvidadas, a todos los hombres y mujeres que habían merecido formar parte de una ciudad, a la vida y a la muerte y a la esperanza. Y cuando más satisfecho estaba de mis hallazgos, desperté y me dí cuenta de que ya no tenía la palabra en mis labios. Sólo ese nombre mantenía los preciosos edificios en pie y sus desafiantes balaustradas. El olvido trajo, inevitable, polvo, escombros y ruinas. Todo se vino abajo y un servidor, qué pena, ya no era arqueólogo, y mi voz ya no valía nada en los altos foros..
Reconozco que me obsesioné muchos días con la dichosa palabra perdida. Era tan bonita. Ensayé, sí, desde la vigilia, vanas combinaciones de sílabas, desastrosas, horribles. No era eso. No era eso. Qué tortura... Hasta que un día me encontré con mi amiga V., compartimos unas cervezas y no pude evitar relatarle el sueño que les he referido. Ella me escuchó con la misma compasión que ustedes, amables lectores, tal vez hayan aplicado a estas líneas. Cuando terminé de desahogarme guardó un silencio de esfinge. Yo insistí: "joder, que no me acuerdo del nombre''. Ella apuró su cerveza, me ofreció un cigarrillo y sentenció sin piedad: "ni te acordarás nunca''.
Cómo lo comprendí y qué lección me dio. No hay mejor regalo que le puedan hacer a un hombre que la constatación de un misterio o el don de la ignorancia. Este eterno aprendiz de poeta ató cabos y se quedó tranquilo. La historia de mi vida ha sido siempre perder y perder cosas: desprendimientos, olvido, ansiedad. A veces, sin embargo, la vigilia se roza con el sueño. En esos contados momentos pueden surgir unas palabras, un verso, acaso un poema. Pero sólo son ecos, murmullos, presagios. Porque el nombre de la ciudad perdida siempre nos estará vedado. Y nuestro mejor poema será no encontrarlo nunca.
Mi amiga V. hace poco ha sido madre por primera vez. Ayer la ví y me presentó a su retoño dormido en su cochecito. Ella ya no fuma, yo sí. Paseamos un buen rato hasta poco antes de ponerse el sol. Entre la conversación intrascendente quise darle las gracias por aquella respuesta suya, pero no supe cómo hacerlo. Hubiera sido una salida de tono. Nos despedimos. Dos besos. Juan manuel, tienes que dejar de fumar. Y ella se aleja con ese cuidadoso descuido que sólo saben tener las madres con el universo, empujando un largo sueño y seguro que unas incipientes, aunque notables, excavaciones arqueológicas.
Reconozco que me obsesioné muchos días con la dichosa palabra perdida. Era tan bonita. Ensayé, sí, desde la vigilia, vanas combinaciones de sílabas, desastrosas, horribles. No era eso. No era eso. Qué tortura... Hasta que un día me encontré con mi amiga V., compartimos unas cervezas y no pude evitar relatarle el sueño que les he referido. Ella me escuchó con la misma compasión que ustedes, amables lectores, tal vez hayan aplicado a estas líneas. Cuando terminé de desahogarme guardó un silencio de esfinge. Yo insistí: "joder, que no me acuerdo del nombre''. Ella apuró su cerveza, me ofreció un cigarrillo y sentenció sin piedad: "ni te acordarás nunca''.
Cómo lo comprendí y qué lección me dio. No hay mejor regalo que le puedan hacer a un hombre que la constatación de un misterio o el don de la ignorancia. Este eterno aprendiz de poeta ató cabos y se quedó tranquilo. La historia de mi vida ha sido siempre perder y perder cosas: desprendimientos, olvido, ansiedad. A veces, sin embargo, la vigilia se roza con el sueño. En esos contados momentos pueden surgir unas palabras, un verso, acaso un poema. Pero sólo son ecos, murmullos, presagios. Porque el nombre de la ciudad perdida siempre nos estará vedado. Y nuestro mejor poema será no encontrarlo nunca.
Mi amiga V. hace poco ha sido madre por primera vez. Ayer la ví y me presentó a su retoño dormido en su cochecito. Ella ya no fuma, yo sí. Paseamos un buen rato hasta poco antes de ponerse el sol. Entre la conversación intrascendente quise darle las gracias por aquella respuesta suya, pero no supe cómo hacerlo. Hubiera sido una salida de tono. Nos despedimos. Dos besos. Juan manuel, tienes que dejar de fumar. Y ella se aleja con ese cuidadoso descuido que sólo saben tener las madres con el universo, empujando un largo sueño y seguro que unas incipientes, aunque notables, excavaciones arqueológicas.
viernes 27 de junio de 2008
El partenio de Alcmán
Ya para terminar (de verdad) con la pequeña serie de entradas salvadas de la anterior bitácora, les dejo la traducción que hice del Partenio I de Alcmán (s. VII a.C.), con algunas oportunas correcciones, y así me quedo tan a gusto. Creo que esta traducción es complementaria con mi poema Partenio. Ambas son simples recreaciones de aquellos versos. La primera desde la vigilia y la segunda desde el sueño. Y ambas, siempre, igualmente pecadoras. No existe, repito, la traducción de poesía. Es imposible. Al fondo de todo queda el rumor, el verdadero Partenio, con todas sus lagunas papiráceas (notadas con puntos suspensivos), con sus Pléyades y su estrella Sirio recién salidas de la fragua, y con esa incesante sonrisa arcaica de Hagesícora. Y la alegría de estar vivo en un tiempo y en un lugar y no pedir disculpas. Y el enigma.
***
ALCMÁN
Partenio I
…
Entre los hombres nadie vuele al cielo
ni pretenda de esposa a la señora
Afrodita, ni a otra…
ni a una hija de Forco,
pero las Gracias de adorables párpados
… la morada de Zeus …
…
Insufribles quebrantos
fueron de aquellos que tramaron males.
Los dioses cobran su venganza
y dichoso el que, libre de cuidados,
ha terminado de trenzar el día
sin una lágrima. Pero yo canto
la luz de Agido. A ella
la miro como al sol, el sol que llama
Agido a ser testigo
de su esplendor. Mas ni un pequeño elogio
ni un reproche me deja
la renombrada principal del coro,
que descuella a mis ojos como si alguien
entre ovejas hubiese colocado un corcel
robusto y vencedor, de sonoro galope,
de los alados sueños.
¿Acaso no lo ves? ¡Es un corcel
del Véneto! La cabellera
de mi prima Hagesícora
relumbra
como el oro sin mezcla.
¿A qué dar más detalles?
Ésta es Hagesícora.
Y la segunda en hermosura, Agido,
corre a su zaga cual caballo escita
tras de otro lidio, pues las Pléyades
con nosotras, que un manto llevamos a la Aurora,
compiten elevándose por la noche inmortal
como la estrella Sirio.
De púrpura no hay
tan grande acopio para defendernos,
ni la serpiente de intrincado oro,
ni la cinta de Lidia,
ornato de doncellas
de tiernos párpados,
ni el cabello de Nanno,
ni tan siquiera Areta, semejante a una diosa,
no Silacis, no Cleesísera,
ni acudir a Enesímbrota a decirle
«Astafis sea para mí
y que me mire Fíbula
y Damareta, y la adorable Viántemis.»
Pero Hagesícora me inquieta.
No está aquí la de hermosos tobillos,
Hagesícora.
¿Se habrá quedado con Agido
para cantar la fiesta?
Dioses, acoged sus plegarias,
pues cumplimiento y fin son de vosotros.
En el coro diré que soy muchacha
que torpe ulula, igual que una lechuza
por las techumbres. Pero es mi solo deseo
ser grata a la que nace del oriente,
de nuestros males sanadora.
Tras de Hagesícora las jóvenes
en pos marcharon de la paz ansiada,
que al conductor de la manada
…
al timonel
más que a nadie es preciso obedecer.
No embelesa su voz
como la voz de las sirenas
porque son diosas, pero diez muchachas
cantan por once, y ella tiene la voz del cisne
que surca las aguas del Janto,
y su cautivador cabello rubio…
***
ALCMÁN
Partenio I
…
Entre los hombres nadie vuele al cielo
ni pretenda de esposa a la señora
Afrodita, ni a otra…
ni a una hija de Forco,
pero las Gracias de adorables párpados
… la morada de Zeus …
…
Insufribles quebrantos
fueron de aquellos que tramaron males.
Los dioses cobran su venganza
y dichoso el que, libre de cuidados,
ha terminado de trenzar el día
sin una lágrima. Pero yo canto
la luz de Agido. A ella
la miro como al sol, el sol que llama
Agido a ser testigo
de su esplendor. Mas ni un pequeño elogio
ni un reproche me deja
la renombrada principal del coro,
que descuella a mis ojos como si alguien
entre ovejas hubiese colocado un corcel
robusto y vencedor, de sonoro galope,
de los alados sueños.
¿Acaso no lo ves? ¡Es un corcel
del Véneto! La cabellera
de mi prima Hagesícora
relumbra
como el oro sin mezcla.
¿A qué dar más detalles?
Ésta es Hagesícora.
Y la segunda en hermosura, Agido,
corre a su zaga cual caballo escita
tras de otro lidio, pues las Pléyades
con nosotras, que un manto llevamos a la Aurora,
compiten elevándose por la noche inmortal
como la estrella Sirio.
De púrpura no hay
tan grande acopio para defendernos,
ni la serpiente de intrincado oro,
ni la cinta de Lidia,
ornato de doncellas
de tiernos párpados,
ni el cabello de Nanno,
ni tan siquiera Areta, semejante a una diosa,
no Silacis, no Cleesísera,
ni acudir a Enesímbrota a decirle
«Astafis sea para mí
y que me mire Fíbula
y Damareta, y la adorable Viántemis.»
Pero Hagesícora me inquieta.
No está aquí la de hermosos tobillos,
Hagesícora.
¿Se habrá quedado con Agido
para cantar la fiesta?
Dioses, acoged sus plegarias,
pues cumplimiento y fin son de vosotros.
En el coro diré que soy muchacha
que torpe ulula, igual que una lechuza
por las techumbres. Pero es mi solo deseo
ser grata a la que nace del oriente,
de nuestros males sanadora.
Tras de Hagesícora las jóvenes
en pos marcharon de la paz ansiada,
que al conductor de la manada
…
al timonel
más que a nadie es preciso obedecer.
No embelesa su voz
como la voz de las sirenas
porque son diosas, pero diez muchachas
cantan por once, y ella tiene la voz del cisne
que surca las aguas del Janto,
y su cautivador cabello rubio…
domingo 22 de junio de 2008
Marina (cansancio mitológico)
Atravesando el centro del estío,
moldeada por la ola y la leyenda,
ya perfila la diosa el desafío
al sol que se destila en una ofrenda.
Sobre su piel de luna acantilada
derrama el sol sus uvas en cadena,
y ella bebe del sol, transfigurada
en la callada plenitud de arena.
Mar y cielo conspiran y entrelazan
un horizonte de encendido hielo.
Dos nubes vagabundas se disfrazan
con retales del tiempo sobre el suelo.
Pero mirad allí, en aquel extremo;
desvencijado y ciego se alza un faro
huérfano de farero: Polifemo
cesante, triste, pensativo y raro.
No alumbrará ya más las negras quillas
en las noches umbrías de los cuentos
de los marinos. Bajo sus cimientos
se marchitan los mapas y las millas.
Y en su calva de viejo anacoreta
algo se mueve, un vuelo enardecido,
un color, un delirio, una cometa
que el aire ya destrenza de su nido
y la aloja precisa y meridiana
para mercadería de altas sedas:
virgen acróbata, velera Diana
de las artificiosas arboledas.
De plata y humo, el trémulo cordaje
apenas ya sujeta su inocencia,
sus celestes modales, la querencia
de hacerle al mediodía un tatuaje.
Alborota el concilio de los pinos
taciturnos, y asciende a otras derrotas,
más altas que los altos desatinos
y que la noria de las gaviotas.
La turba el sol con sus ardientes sales.
La briza entre sus haces, la embelesa.
Y ella sabe que hollar esos portales
o deshilar camino es vana empresa.
Así, grácil novicia de planeta,
traza al azul su última sonrisa,
y se deshace libre la coleta,
y se suelta del ala de la brisa.
Abajo, en soledad de estatua y rosa,
gotea al mediodía un nuevo brillo.
Frente a un suicidio en flor de mariposa
la diosa se ha encendido un cigarrillo.
(Nota editorial: Este poema lo perpetré hace muchos años. Ahora le he limpiado el polvo acumulado de pesimismo y lo cuelgo aquí, con la modesta pretensión de desearles una feliz entrada de verano, a dos días del célebre solsticio de las narices. Es posible que el verano sea la más descerebrada de las estaciones, pero denle una oportunidad. Luego vendrá septiembre y el otoño para volvernos pensativos e indagadores. El verano es un niño bobo que siempre va de la mano del otoño, adulto y grave. Pero déjenle que corra un poco. Unas cuantas travesuras no están de más. No hay cuidado. El mayor vigila para que el pequeño no se rompa la crisma en su absurda eterna bicicleta.)
moldeada por la ola y la leyenda,
ya perfila la diosa el desafío
al sol que se destila en una ofrenda.
Sobre su piel de luna acantilada
derrama el sol sus uvas en cadena,
y ella bebe del sol, transfigurada
en la callada plenitud de arena.
Mar y cielo conspiran y entrelazan
un horizonte de encendido hielo.
Dos nubes vagabundas se disfrazan
con retales del tiempo sobre el suelo.
Pero mirad allí, en aquel extremo;
desvencijado y ciego se alza un faro
huérfano de farero: Polifemo
cesante, triste, pensativo y raro.
No alumbrará ya más las negras quillas
en las noches umbrías de los cuentos
de los marinos. Bajo sus cimientos
se marchitan los mapas y las millas.
Y en su calva de viejo anacoreta
algo se mueve, un vuelo enardecido,
un color, un delirio, una cometa
que el aire ya destrenza de su nido
y la aloja precisa y meridiana
para mercadería de altas sedas:
virgen acróbata, velera Diana
de las artificiosas arboledas.
De plata y humo, el trémulo cordaje
apenas ya sujeta su inocencia,
sus celestes modales, la querencia
de hacerle al mediodía un tatuaje.
Alborota el concilio de los pinos
taciturnos, y asciende a otras derrotas,
más altas que los altos desatinos
y que la noria de las gaviotas.
La turba el sol con sus ardientes sales.
La briza entre sus haces, la embelesa.
Y ella sabe que hollar esos portales
o deshilar camino es vana empresa.
Así, grácil novicia de planeta,
traza al azul su última sonrisa,
y se deshace libre la coleta,
y se suelta del ala de la brisa.
Abajo, en soledad de estatua y rosa,
gotea al mediodía un nuevo brillo.
Frente a un suicidio en flor de mariposa
la diosa se ha encendido un cigarrillo.
(Nota editorial: Este poema lo perpetré hace muchos años. Ahora le he limpiado el polvo acumulado de pesimismo y lo cuelgo aquí, con la modesta pretensión de desearles una feliz entrada de verano, a dos días del célebre solsticio de las narices. Es posible que el verano sea la más descerebrada de las estaciones, pero denle una oportunidad. Luego vendrá septiembre y el otoño para volvernos pensativos e indagadores. El verano es un niño bobo que siempre va de la mano del otoño, adulto y grave. Pero déjenle que corra un poco. Unas cuantas travesuras no están de más. No hay cuidado. El mayor vigila para que el pequeño no se rompa la crisma en su absurda eterna bicicleta.)
viernes 20 de junio de 2008
M.K.
x

Melina Kaná es, de lejos, la mejor cantante griega. No hay una voz como la suya. Profundamente humana, con ese vibrato tan propio, inconfundible metal oscuro y nicotina. Es como si siempre estuviese acatarrada, hay algo de asma, de pasión por respirar, de querer seguir a toda costa dentro de la canción. Dice que canta con los ojos cerrados porque el céfiro llora dentro de ella. Le pide a Tamiris que se siente a su lado y le cuente de las alegrías y zozobras de los hombres... Aquí les dejo una de sus más bellos temas, el que le dedica a otra gran cantante, la libanesa Feiruz, que "en las ardientes llanuras de Bekaá, canta lo inexplicable". Más un bonus track. Que las disfruten (si quieren).
boomp3.com

Melina Kaná es, de lejos, la mejor cantante griega. No hay una voz como la suya. Profundamente humana, con ese vibrato tan propio, inconfundible metal oscuro y nicotina. Es como si siempre estuviese acatarrada, hay algo de asma, de pasión por respirar, de querer seguir a toda costa dentro de la canción. Dice que canta con los ojos cerrados porque el céfiro llora dentro de ella. Le pide a Tamiris que se siente a su lado y le cuente de las alegrías y zozobras de los hombres... Aquí les dejo una de sus más bellos temas, el que le dedica a otra gran cantante, la libanesa Feiruz, que "en las ardientes llanuras de Bekaá, canta lo inexplicable". Más un bonus track. Que las disfruten (si quieren).
boomp3.com
miércoles 18 de junio de 2008
Idea Vilariño (2 poemas)
x
x
x x
X X
Sé que le debo a Marta el felicísimo decubrimiento de la poeta Idea Vilariño (Montevideo, 1920), pero no sé dónde fue, si en una entrada en su antiguo blog o en un comentario que dejó por ahí, en otro blog, porque mi memoria no está ultimamente para muchas verbenas. Pero de lo que estoy seguro es de que Marta es la responsable. Así que gracias miles, Marta.
X
DESNUDEZ TOTAL
Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.
(Idea Vilariño)
****
DECIR NO...
Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.
(Idea Vilariño)
x
x x

X X
Sé que le debo a Marta el felicísimo decubrimiento de la poeta Idea Vilariño (Montevideo, 1920), pero no sé dónde fue, si en una entrada en su antiguo blog o en un comentario que dejó por ahí, en otro blog, porque mi memoria no está ultimamente para muchas verbenas. Pero de lo que estoy seguro es de que Marta es la responsable. Así que gracias miles, Marta.
X
DESNUDEZ TOTAL
Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.
La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.
Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.
Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.
Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.
(Idea Vilariño)
****
DECIR NO...
Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.
(Idea Vilariño)
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