jueves, 24 de abril de 2014

GPS, de Agustín Calvo Galán, se presenta en Madrid



El próximo lunes 28 estaremos presentando, en la librería Centro de Arte Moderno (C./ Galileo, 52), a las 19:30, GPS, el último (imperdible, hermoso) poemario de Agustín Calvo Galán, publicado en la colección Fragmentaria de Amargord Ediciones. ¡Os esperamos!

***

Te llevo conmigo
siempre,

Hay fronteras en cada trazado
o piel, callejuelas interminables
que nunca iluminarás. Cuerpo,

No encuentro las señas que me diste,
ni siquiera sé si te vieron por Irún
o en Portbou,
o si te impresionó más
el valle de Mosela
                              que el lago Constanza,

Sólo los más altos monumentos
tienen puertas por las que se nos ve entrar.

(Agustín Calvo Galán, GPS, Madrid, Amargord, 2014)

miércoles, 23 de abril de 2014

Pequeña Odisea

Cada palabra se desvive por volver a lo que nombra; se pierde, de boca en boca, en mil quimeras. Cada palabra es una pequeña Odisea de sí misma.

martes, 22 de abril de 2014

El Liddell-Scott



Casi tan venerable y misterioso como el monolito de 2001 parece el Liddell-Scott. Es como un ceñudo clérigo transfigurado en diccionario, bajo cuyas negras sotanas de cuervo se encierran apiladas, ahogadas casi, todas las palabras griegas que han sonado nítidas alguna vez a la luz del mundo, o en algún sueño, o bajo alguna frente extraviada, hasta la época bizantina. Ahora se puede consultar una versión digital en Internet, pero no es lo mismo, no es lo mismo. Porque es abrir el viejo Liddell-Scott y verse arrebatado por una repentina solemnidad que la versión en internet no sabe emular. Falta ese color negro. El volumen, la densidad y el peso. Y la larga y oscura sombra de la semántica.

miércoles, 16 de abril de 2014

La luna de Safo

96 L.-P.

... En Sardes...
tiene a menudo aquí sus pensamientos
... Para ella tú eras cual diosa manifiesta,
y tu cantar su máxima alegría.
Mas ahora sobresale entre las lidias
como la luna de rosados dedos,
al ponerse el sol, vence a todas las estrellas,
y su luz tiende por el mar salino
y por los pastos copiosos de flores.
Se ha derramado el hermoso rocío,
lozanean las rosas, y el tierno perifollo,
y el meliloto enflorecido.
Ella, entretanto, va de un sitio a otro
con la nostalgia de la dulce Atis,
y del corazón frágil siente el peso.
Ir hacia allá nosotras... no...
El mar inmenso deja oír su voz...
En medio...
No nos es fácil ser como las diosas
en la belleza que al amor empuja...


(De Poesías. Safo, DVD Ediciones 2007. Traducción y edición de Juan Manuel Macías)

***

]cαρδ[
πόλ]λακι τυίδε [ν]ῶν ἔχοιcα
... θέαι c' ἰκέλαν ἀρι-
γνώται, cᾶι δὲ μάλιcτ' ἔχαιρε μόλπαι
νῦν δὲ Λύδαιcιν ἐμπρέπεται γυναί-
κεccιν ὤc ποτ' ἀελίω
δύντοc ἀ βροδοδάκτυλοc μήνα
πάντα περρέχοιc' ἄcτρα· φάοc δ' ἐπι-
cχει θάλαccαν ἐπ' ἀλμύραν
ἴcωc καὶ πολυανθέμοιc ἀρούραιc·
ἀ δ' ἐέρcα κάλα κέχυται, τεθά-
λαιcι δὲ βρόδα κἄπαλ' ἄν-
θρυcκα καὶ μελίλωτοc ἀνθεμώδηc·
πόλλα δὲ ζαφοίταιc ̓, ἀγναc ἐπι-
μνάcθειc' Ἄτθιδοc ἰμέρωι
λέπταν ποι φρένα... βόρηται·
κῆθι δ' ἔλθην ἀμμ... οὐ
... πόλυc
γαρύει... μέccον·
ε]ὔμαρ[εc μ]ὲν οὐκ ἄμμι θέαιcι μορ-
φαν ἐπή[ρατ]ον ἐξίξω-
cθαι...

martes, 8 de abril de 2014

Otro apunte

Por mi experiencia, si veo la poesía de alguna forma, es, sobre todo, como un regalo que un ser humano le hace a otro ser humano. A lo mejor el poema que nos regalan, como la mariposa de un día, sólo pasa una vez y luego muere para siempre. Y todas las veces que renace o se replica en un dudoso molde no es más que por intentar volver a esa primera vez, a algún momento, a algún lugar, a una voz, a cierta luz, a un estado de ánimo, a la extrañeza que fuimos y no sabemos si lo seguimos siendo. La música a la que un día supimos poner nuestra pequeña letra.

lunes, 31 de marzo de 2014

Partenio

El giro del tiovivo es algo más que una conjetura
apenas sustentada en un vago enjambre de mayo.
El giro del tiovivo es aire, aire
que se deshila largamente sobre el clamor de los párpados y el palpitar de las mejillas,
y se adelgaza en un silbo tembloroso para morir frente al mundo,
alegando pasado.
¿Quién conoce el secreto
guardado en el cuello vulnerable de un susurro al oído?

Hagesícora da vueltas en torno al fin del día
sobre un caballito  del color fugaz del pensamiento,
y el tiovivo va más y más aprisa,
hacia un éxtasis perplejo de mudanzas, nube
que finge mil paisajes y máscaras, materia
sola que persigue ser silencio.

El tiovivo insiste en su empeño de no llegar a sitio alguno,
en huida perpetua del invierno,
y se comba sobre sí mismo como una interrogación.

Y Hagesícora da vueltas alrededor del miedo de los hombres:
amazona dorada que monta sobre un sueño,
dejando a sus espaldas un perfume de ruinas.

Hay quien dirá que el tiovivo es un embuste,
sólo un terco chirrido de cigarra atormentada
bajo los andamiajes ciegos de la escarcha.
Mas no lo pienses y contempla a Hagesícora dar vueltas
sobre la vida y la muerte, altiva en su inocencia,
con sus cabellos del color incomprensible que gravita en las despedidas.
Contempla a Hagesícora volverse un rumor para siempre
sobre el mundo tendido, ya amapola.

¿Quién conoce el secreto
guardado en el talle quebradizo de una carcajada?


(De Tránsito, DVD Ediciones, 2011)




Apunte

Escribir un poema resulta muy parecido a asistir de invitado de honor a una fiesta, con tus mejores galas, y darte cuenta al llegar de que todos se han ido hace mucho tiempo, de que no suena ya la música, de que no queda una sola botella llena, de que ha amanecido de pronto y a traición; de que, además, te han dejado la factura.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Fugitivos (Un poema de Cavafis)

Esta traducción mía de Cavafis fue publicada en el pasado número 107 (septiembre-octubre) de la revista Clarín.


FUGITIVOS

Siempre será Alejandría. A poco que recorras
la calle que va derecha hasta el Hipódromo,
verás palacios y monumentos que te asombrarán.
Por más estragos que las guerras le hagan,
aunque se venga a menos, siempre será un lugar fascinante.
Y así, entre caminatas y libros,
y entre estudios diversos, pasa el tiempo.
A la tarde nos reunimos frente al mar
nosotros cinco (bajo nombres, naturalmente,
fingidos) y algunos griegos
de entre los pocos que quedan en la ciudad.
A veces discutimos sobre asuntos de Iglesia (algo romanos
parecen los de aquí); y otras veces, hablamos de letras.
Antes de ayer leímos unos versos de Nonno.
Qué imágenes, qué ritmo, que lenguaje, qué armonía:
entusiasmados admirábamos al Panopolita.
Y así pasan los días, y nuestra estancia
no se hace desagradable, pues está claro
que no va a durar para siempre.
Llegan buenas noticias: ya sea que en Esmirna
algo empieza a moverse, o que en abril
nuestros amigos se marcharán de Epiro, nuestros planes
se van logrando y fácilmente derrocaremos a Basilio.
Y entonces nuestro turno también habrá llegado.


C.P. Cavafis
(Traducción: Juan Manuel Macías)


***

Φυγάδες


Πάντα η Aλεξάνδρεια είναι. Λίγο να βαδίσεις
στην ίσια της οδό που στο Ιπποδρόμιο παύει,
θα δεις παλάτια και μνημεία που θ’ απορήσεις.
Όσο κι αν έπαθεν απ’ τους πολέμους βλάβη,
όσο κι αν μίκραινε, πάντα θαυμάσια χώρα.
Κ’ έπειτα μ’ εκδρομές, και με βιβλία,
και με σπουδές διάφορες περνά η ώρα.
Το βράδυ μαζευόμεθα στην παραλία
ημείς οι πέντε (με ονόματα όλοι
πλαστά βεβαίως) κι άλλοι μερικοί Γραικοί
απ’ τους ολίγους όπου μείνανε στην πόλι.
Πότε μιλούμε για εκκλησιαστικά (κάπως λατινικοί
μοιάζουν εδώ), πότε φιλολογία.
Προχθές του Νόννου στίχους εδιαβάζαμε.
Τι εικόνες, τι ρυθμός, τι γλώσσα, τι αρμονία.
Ενθουσιασμένοι τον Πανοπολίτην εθαυμάζαμε.
Έτσι περνούν οι μέρες, κ’ η διαμονή
δυσάρεστη δεν είναι, γιατί, εννοείται,
δεν πρόκειται να ’ναι παντοτινή.
Καλές ειδήσεις λάβαμε, και είτε
από την Σμύρνη κάτι γίνει τώρα, είτε τον Aπρίλιο
οι φίλοι μας κινήσουν απ’ την Ήπειρο, τα σχέδιά μας
επιτυγχάνουν, και τον ρίχνουμεν ευκόλως τον Βασίλειο.
Και τότε πια κ’ εμάς θά ’ρθ’ η σειρά μας.

martes, 25 de marzo de 2014

Odisea y memoria

Estos días últimos de marzo, con lo de la muerte de Suárez, me dio por recordar un pasaje de la "Odisea", de la mitad del Canto IV, cuando Helena, en el palacio de Menelao, prepara a sus invitados una pócima para labrar el olvido. Los versos (en mi intento de traducción) dirían así:

(...)
Entonces urdió otro plan Helena, hija de Zeus:
de inmediato echó en el vino que bebían una pócima
contra el dolor y la ira, que olvidaba toda pena.
Aquél que se la bebiese, ya mezclada en la cratera,
un día entero no echara lágrimas por sus mejillas
aunque muriera su madre y su padre, aunque a su hermano
o a su hijo los pasaran por el bronce allí delante
y él con sus ojos lo viera.
(...)

(Unos versos antes, el rubio Menelao le decía al joven Telémaco que estar triste era la única honra que les quedaba a los pobres mortales).

Curiosamente, los dos poemas homéricos siempre me parecieron una desesperada, incansable cruzada contra el olvido. El propio Odiseo, cuenta su historia asombrosa ante los feacios, como para intentar convencerles, convencernos, convencerse de que no fue una quimera. Ignoramos el nombre de la Musa que invoca el cantor de la epopeya en los primeros versos, pero muy bien podría haberse llamado Memoria. Homero, reclamado por todas las islas griegas, tal vez hubo de decidir un día entre ser feliz o escribir hexámetros. El olvido no deja de ser una mutilación de nosotros mismos, porque, como la poesía y la música, estamos hechos de tiempo. Incluso en los banquetes de los poderosos, Homero (quien quiera que fuese), escogió la memoria frente a las treinta monedas de la felicidad.

Insomnio

Cuando hay viento, las noches de insomnio parecen incluso más antiguas y mitológicas. Aquí el viento lo hace crepitar todo, da una extraña sensación de soledad y vacío y distancia. Es más que un elemental. Pero su terca rueca también ayuda a pensar. Es volverse peripatético sin levantarse del asiento. Y si nos resistimos a pensar, el viento, como una larga conciencia extraviada, ya lo hará por nosotros.

*

Estas noches de insomnio y trabajo (traducir, sobre todo), la luna viene a situarse en mi ventana, a mi izquierda, a eso de las cuatro pasadas, con discreta puntualidad. Hay poca luz fuera y, aunque la luna está menguando, la puedo sentir bien con el rabillo del ojo. Esa rutina compartida, como encontrarse al mismo desconocido siempre en una parada de autobús, me resulta de lo más grata, casi como un bálsamo. ¡Cuánta razón tenía Virgilio!

lunes, 24 de marzo de 2014

Pensamiento

Creo que vivimos porque alguien se acuerda de nosotros, o piensa en nosotros. Es un don al que tenemos a menudo en demasiada poca estima. El día que no haya nadie que se acuerde de nosotros, no es que dejemos de existir, pero seremos como una casa vacía con todas las luces apagadas.

domingo, 23 de marzo de 2014

Columpio

Como en el poema de Arquíloco de Paros, hay un péndulo que oscila sin parar entre la alegría extrema y la pena más desconsolada, tan fugaces ambas, tan esquemáticas y tan ficticias. Ahora estoy aquí, ahora estoy allí. Hay un péndulo que se parece también a un columpio en una tarde aburrida de verano en la niñez. Sus viejos metales siguen sonando, rítmicos, como una vieja ley humana. A ese pulso podemos llamarlo melancolía.

Un poema de Cunqueiro



ALMA, COMO EN EL CONCIERTO...

Alma mía, como en el concierto de Vivaldi
con violino principale e altro violino per eco,
yo quisiera que fueses
esa voz que in lontano
desde las colinas eternas nos devuelve
la canción de cada día.

Vas caminando atento
hasta llegar a donde el violín da el eco
pero siempre está más lejos
de tus pasos y de los caminos,
de tu vida, de lo que tú recuerdas
de las primaveras y de las muertes
y de una mujer preñada acodada en una cancilla
mirando sin ver hacia una laguna verde.
¡Como viajar a Carcasona!

Hasta que te das cuenta
de que el violín que da el eco in lontano 
eres tú mismo, entonces la vida
como un pañuelo bordado se tiende ante ti
escuchas el viento y tu voz de niño
el cansado toser de la madre, las golondrinas que vuelven
y las primeras palabras de amor, y aquel verso
en el que dabas el alma vestida de violetas
cerrando los ojos por si te morías
delante de un espejo por donde iba y venía
una sonrisa
y ahora ya sabes
por un eco lejano
en qué perdiste la vida sin saber que la vida
ya no vuelve, nunca, jamás.
La vida misma es el eco de un sueño
que ahora sabes que lo tuviste, por un eco.



(Álvaro Cunqueiro, Herba aquí ou acolá. Versión de César Antonio Molina)

Estación poesía



El pasado 21 de marzo se presentaba en Sevilla Estación poesía, una nueva revista de, sí, eso tan escurridizo que llamamos poesía. La recién nacida publicación viene promovida por el CICUS (el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla) y con el feliz aval de su timonel: el poeta, traductor, escritor y crítico Antonio Rivero Taravillo; y de un comité asesor compuesto por Enrique Baltanás, Juan Bonilla, Luis Alberto de Cuenca, Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque. Este primer número trae un lujo de colaboradores (textos de Juan Carlos Abril, Jesús Aguado, María Alcantarilla, Carlos Alcorta, Hilario Barrero, Francisco Barrionuevo, Susana Benet, José Manuel Benítez Ariza, Felipe Benítez Reyes, Piedad Bonnett, Ben Clark, Pablo Fidalgo Lareo, Trinidad Gan, Álvaro García, José María Jurado, Juan Lamillar, Pilar Márquez, Erika Martínez, Francisco José Martínez Morán, Lola Mascarell, Toni Montesinos, José Luis Morante, Manuel Moya, Josefa Parra, Joaquín Pérez Azaústre, Antonio Praena, Olga Rendón Infante, Josep M. Rodríguez, María Ruiz Ocaña, Lola Terol, Álvaro Valverde y Javier Vela). Entre tan ilustre compañía, para un servidor es un honor y un regalo participar allí con un poema. La revista, que será de periodicidad cuatrimestral, no sólo se distribuirá en papel sino que también podrá consultarse en su versión digital (prefiero la palabra "virtual") en su propio sitio web:

http://institucional.us.es/estacion

Larga y fructífera vida para esta nueva Estación poesía, que, sin duda, sabrá ganarse lectores entregados y entusiastas.