Cuando era pequeño, en mi colegio, toda mi clase se organizaba en un coro para cantar villancicos y litigar con otros cursos y otros coros. La profesora de música siempre me daba un severo consejo: "mueve la boca, pero no cantes". Pasado un tiempo, tuvimos otra profesora de música, suplente, a quien se le ocurrió convertir nuestra clase en una orquesta que debería actuar el último día antes de las vacaciones de Navidad. A tal efecto, nos entregó a cada uno de los niños un instrumento distinto, acorde con nuestras aptitudes musicales. Repartió una guitarra, una armónica, una flauta, una melódica... Y a mí me dio una maraca. Un mes entero duraron los ensayos, a los que acudía pletórico de entusiasmo. Guardaba la maraca en mi cuarto con un extraño sentido de responsabilidad, como el tesoro que sólo los dioses o el destino pueden entregar. Se pueden imaginar cómo estaba el día del debut. La increíble sección de percusión la formábamos una niña con una pandereta, otro compañero que se sentaba en el pupitre de atrás (tipo especialmente dotado para el humor corrosivo) con un triángulo, y el que suscribe, con su maraca. Fue la primera vez en que me sentí parte útil de un todo. Concertado y a la vez individual, pues ningún instrumento estaba repetido. Mi maraca, por así decirlo, era imprescindible. Todos éramos imprescindibles. No me acuerdo de la música, probablemente mejorable, pero sí del ritmo. Fue un día de una rara felicidad. Luego, a uno le dan la noticia de que los reyes magos no existen, se va haciendo mayor, le cambia la voz, y las preguntas empiezan a atormentar. Demasiadas preguntas que conviene dejar sin responder. Por qué me dieron sólo una maraca, cuando por regla general suelen ir de dos en dos, es uno más de los misterios del mundo. Es toda una liberación que haya misterios.
Aquí les dejo con un misterio más, un hermoso villancico isabelino en la flauta del gran Ian Anderson, mucho mejor músico que yo, dónde va a parar. Pasen feliz Navidad.
(Y no se pierdan las felicitaciones navideñas, diarias, en DVD Ediciones.com)
martes, 23 de diciembre de 2008
martes, 16 de diciembre de 2008
viernes, 5 de diciembre de 2008
Trenes
En noches de los trenes, infinitas
de negritud y ávidas de empeño,
dejaba mi niñez las nunca escritas
letras azules, velas de entresueño.
Tiernos compases al sombrío acero,
sombra tras sombra, se encauzaban fieles;
y yo volaba, sin saber que Homero
ya urdiera el canto de aquellos rieles.
Canto del corazón agazapado
tras la ventana donde aún se clava
la pupila del niño imaginado
que veo al otro lado. Y yo volaba
sobre las noches de arrojadas crines:
montes en fuga, resbalados talles
de perfiles trazados con carmines,
peñas de guiños y celestes valles.
Volaba en largas noches de alamedas
ceñidas por sonámbulos caminos
embozados apenas en las sedas
que hila la estrella de los dedos finos.
Y aquellos mudos, ateridos puentes
sobre ríos dormidos: enarcadas
piedras de luna y soledad, holladas
por princesas —pensaba— transparentes.
Volaba la niñez en nervio y vela,
sutil estela que me arrastra ahora
y siempre, atravesando la acuarela
que diluía un mundo sin aurora.
Errante mundo, cuando florecías
ya en mis ojos llorabas de marchito:
buscaban nombres tus geografías
y sin nombres marchaban: oh infinito,
¿En que armazones de inocencia y sueño
podría hallarte para que ahora suenes?,
alto violín, alma de Clavileño
que poblabas las noches de mis trenes.
(De Cantigas y cárceles, Isla de Siltolá, 2011)
de negritud y ávidas de empeño,
dejaba mi niñez las nunca escritas
letras azules, velas de entresueño.
Tiernos compases al sombrío acero,
sombra tras sombra, se encauzaban fieles;
y yo volaba, sin saber que Homero
ya urdiera el canto de aquellos rieles.
Canto del corazón agazapado
tras la ventana donde aún se clava
la pupila del niño imaginado
que veo al otro lado. Y yo volaba
sobre las noches de arrojadas crines:
montes en fuga, resbalados talles
de perfiles trazados con carmines,
peñas de guiños y celestes valles.
Volaba en largas noches de alamedas
ceñidas por sonámbulos caminos
embozados apenas en las sedas
que hila la estrella de los dedos finos.
Y aquellos mudos, ateridos puentes
sobre ríos dormidos: enarcadas
piedras de luna y soledad, holladas
por princesas —pensaba— transparentes.
Volaba la niñez en nervio y vela,
sutil estela que me arrastra ahora
y siempre, atravesando la acuarela
que diluía un mundo sin aurora.
Errante mundo, cuando florecías
ya en mis ojos llorabas de marchito:
buscaban nombres tus geografías
y sin nombres marchaban: oh infinito,
¿En que armazones de inocencia y sueño
podría hallarte para que ahora suenes?,
alto violín, alma de Clavileño
que poblabas las noches de mis trenes.
(De Cantigas y cárceles, Isla de Siltolá, 2011)
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Poemas propios
lunes, 1 de diciembre de 2008
Episodios culturales de la temporada otoño-invierno en DVD Ediciones.com
Inauguramos en la web de DVD Ediciones dos secciones de temporada, a cargo de Sergio Gaspar y un servidor. No se las pierdan.
domingo, 30 de noviembre de 2008
The winner
Mi querido amigo Juan Salido-Vico ha ganado el premio de Relatos para leer en el autobús, ex aequo con Javier Izcue. El concurso está organizado por la editorial Cuadernos del Vigía y el Ayuntamiento de Granada. Más información, pinchando tal que aquí. Es un placer dar noticias tan agradables como éstas. Enhorabuena, una vez más, Juan. Un poco de Portishead para celebrarlo...
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Proclamas
lunes, 10 de noviembre de 2008
Las afinidades electivas
Gracias a la amable mención del poeta Juan Salido-Vico y a la gentil invitación de Agustín Calvo Galán, pueden leerme, si quieren, en Las afinidades electivas, ese monumental edificio de poetas, obra de una sola persona, Agustín, cuyo trabajo y entusiasmo merece todos los encomios. Yo sólo soy, como quien dice, un simple ladrillo.
martes, 4 de noviembre de 2008
jueves, 30 de octubre de 2008
Novedades de DVD Ediciones.com
La editorial renueva sus hojas en otoño. Dos novedades, dos poemarios:
--- El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román, flamante premio Hermanos Argensola 2008
--- Hilo de nadie, de Lorenzo Oliván.
Un texto de Sergio Gaspar sobre el premio nacional de poesía 2008.
Pero no se pierdan tampoco estas dos crónicas mexicanas de Julio Espinosa Guerra, ni la última firma invitada de Álex Chico, ni la anterior, de Juan Salido-Vico.
Las lecturas de verano de Sergio Gaspar y el abajo firmante, como ya dije días atrás, ocupan la nueva sección El camión de la basura azul. Es más divertido leerlas ahora, con estos fríos.
Pronto, muy pronto, abriremos la sección de Monstruos en su laberinto. ¿Quién será nuestro primer monstruo? Hasta aquí puedo leer. De momento, les dejo con otro monstruo, versionando a Bertolt Brecht. Buen fin de semana, y no se me constipen. Yo me iré a buscar setas con el fantasma de Don Juan Tenorio, huyendo de mis vecinos disfrazados.
Boomp3.com
--- El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román, flamante premio Hermanos Argensola 2008
--- Hilo de nadie, de Lorenzo Oliván.
Un texto de Sergio Gaspar sobre el premio nacional de poesía 2008.
Pero no se pierdan tampoco estas dos crónicas mexicanas de Julio Espinosa Guerra, ni la última firma invitada de Álex Chico, ni la anterior, de Juan Salido-Vico.
Las lecturas de verano de Sergio Gaspar y el abajo firmante, como ya dije días atrás, ocupan la nueva sección El camión de la basura azul. Es más divertido leerlas ahora, con estos fríos.
Pronto, muy pronto, abriremos la sección de Monstruos en su laberinto. ¿Quién será nuestro primer monstruo? Hasta aquí puedo leer. De momento, les dejo con otro monstruo, versionando a Bertolt Brecht. Buen fin de semana, y no se me constipen. Yo me iré a buscar setas con el fantasma de Don Juan Tenorio, huyendo de mis vecinos disfrazados.
Boomp3.com
lunes, 27 de octubre de 2008
Starless (King Crimson)
Esta canción se puede narrar como una leyenda. Arranca el melotrón sus sones de órgano en conserva, añorantemente analógico. No tardan los leves repiques del más delicado y salvaje de los baterías, Bill Bruford, el único mortal que es capaz de percutir en las alas de una mariposa y acariciar un trueno. Y se suma la frase repetida una y otra vez por las seis cuerdas maniáticas y soñadoras de Robert Fripp. Luego, claro, la voz doliente, grave, de John Wetton, insistiendo en que no hay estrellas, embozada en el saxo transparente de Mel Collins. Uno de los mejores momentos del rey carmesí, destilando sus más logradas mieles, pero con ese punto de amargor que tanto nos gusta a los crimsonianos confesos, esa larga coda instrumental que es una perfecta orgía del jazz más libre y ese algo más que sólo sabe hacer Fripp. Donde los instrumentos acaban perdiendo las formas, pero en detrimento de otras. Porque una orgía con King Crimson es siempre organizada y racional, como debe ser.
Sin estrellas y biblia negra, cuando comienza a llover...
Sin estrellas y biblia negra, cuando comienza a llover...
lunes, 13 de octubre de 2008
De arte poetica (fragmentos)
A veces suelo recuperar carpetas de traducciones que emprendí con mucho entusiasmo y dejé inacabadas. Una de ellas es el Arte poética de Horacio, la famosa epístola a los Pisones. Año tras año dejo incumplida la promesa de terminarla de traducir. Mi excusa, del todo injusta, suele consistir en la sospecha de que Horacio vertió sus mejores vinos en los primeros versos, y luego le salió un poema demasiado largo para mi gusto. Pero esto me consuela muy raras veces. Por si acaso a ustedes le consuela, aquí dejo unos fragmentos. Hay otra excusa secundaria, por cierto, que suele asumir los visos de una captatio benevolentiae: ¿qué demonios hace un helenista traduciendo a Horacio?...
***
A los más de los poetas, padres y jóvenes dignos de padre,
nos confunde la imagen del bien. Lucho en ser breve,
me hago oscuro; el que busca lo sutil extravía
nervio y aliento; se infla quien va tras lo sublime;
por tierra el muy prudente repta, y el que huye al trueno;
quien quiere una variante prodigiosa dibuja
un delfín en los bosques y un jabalí en las olas.
Evitar un pecado conduce al vicio cuando falta el arte.
***
Del orden la virtud y la gracia son éstas, si no fallo:
que se diga puntual cuanto deba decirse,
y lo más se postergue, y se omita entre tanto;
quiera esto, desprecie lo otro aquél que prometió un poema.
***
Aun siendo fino y cauto trenzando las palabras
dirás cosas brillantes si un vocablo sabido
se torna nuevo en recia coyuntura. Si acaso
hay que usar nuevos signos para aclarar conceptos, y labrar
voces nunca escuchadas por los cetegos de anticuadas ropas,
asumida la audacia, se aplicará discreta.
Y harán fe las palabras recién hechas si manan
de fuente griega y no vienen muy volteadas.
¿Qué le dará un romano a Cecilio y a Plauto, arrebatado
de Virgilio y de Vario? ¿Por qué he de ser mal visto
si mi obra gana un poco, cuando la lengua de Catón y Enio
enriqueció nuestro habla y aplicó nuevos nombres a las cosas?
Siempre fue y será lícito producir un término
marcado con el signo de su época.
Cual el bosque en otoño muda sus ho jas, y caen las primeras,
así de las palabras muere la vieja edad, y la reciente
florece y cobra fuerzas al modo de los jóvenes.
Nosotros y lo nuestro nos debemos a la muerte. Ya sea
que un Neptuno terreno libre —regia tarea— de los nortes
a las naves, o una infecunda charca, donde hincaban remos,
nutra vecinas urbes y haga sitio al arado,
o cambie el curso un río hostil a la cosecha,
instruido en mejor senda, mortales gestas han de perecer.
Con más razón quedarán las palabras, su vigencia y su aprecio.
Muchos vocablos muertos renacerán, y otros
que ahora están en vigor caerán, si quiere el uso
que es árbitro, derecho y norma del decir.
***
Dio la Musa a la lira referir de los dioses y sus hijos,
del púgil victorioso, del caballo que gana en la carrera,
del desvelo del joven, del vino de los libres.
***
Si no puedo ni sé conservar el correcto encadenado
y el tono de mis obras, ¿me llamarán poeta?
¿Preferiré, por torpe pundonor, ignorar a aprender?
A los más de los poetas, padres y jóvenes dignos de padre,
nos confunde la imagen del bien. Lucho en ser breve,
me hago oscuro; el que busca lo sutil extravía
nervio y aliento; se infla quien va tras lo sublime;
por tierra el muy prudente repta, y el que huye al trueno;
quien quiere una variante prodigiosa dibuja
un delfín en los bosques y un jabalí en las olas.
Evitar un pecado conduce al vicio cuando falta el arte.
***
Del orden la virtud y la gracia son éstas, si no fallo:
que se diga puntual cuanto deba decirse,
y lo más se postergue, y se omita entre tanto;
quiera esto, desprecie lo otro aquél que prometió un poema.
***
Aun siendo fino y cauto trenzando las palabras
dirás cosas brillantes si un vocablo sabido
se torna nuevo en recia coyuntura. Si acaso
hay que usar nuevos signos para aclarar conceptos, y labrar
voces nunca escuchadas por los cetegos de anticuadas ropas,
asumida la audacia, se aplicará discreta.
Y harán fe las palabras recién hechas si manan
de fuente griega y no vienen muy volteadas.
¿Qué le dará un romano a Cecilio y a Plauto, arrebatado
de Virgilio y de Vario? ¿Por qué he de ser mal visto
si mi obra gana un poco, cuando la lengua de Catón y Enio
enriqueció nuestro habla y aplicó nuevos nombres a las cosas?
Siempre fue y será lícito producir un término
marcado con el signo de su época.
Cual el bosque en otoño muda sus ho jas, y caen las primeras,
así de las palabras muere la vieja edad, y la reciente
florece y cobra fuerzas al modo de los jóvenes.
Nosotros y lo nuestro nos debemos a la muerte. Ya sea
que un Neptuno terreno libre —regia tarea— de los nortes
a las naves, o una infecunda charca, donde hincaban remos,
nutra vecinas urbes y haga sitio al arado,
o cambie el curso un río hostil a la cosecha,
instruido en mejor senda, mortales gestas han de perecer.
Con más razón quedarán las palabras, su vigencia y su aprecio.
Muchos vocablos muertos renacerán, y otros
que ahora están en vigor caerán, si quiere el uso
que es árbitro, derecho y norma del decir.
***
Dio la Musa a la lira referir de los dioses y sus hijos,
del púgil victorioso, del caballo que gana en la carrera,
del desvelo del joven, del vino de los libres.
***
Si no puedo ni sé conservar el correcto encadenado
y el tono de mis obras, ¿me llamarán poeta?
¿Preferiré, por torpe pundonor, ignorar a aprender?
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Traducciones
jueves, 9 de octubre de 2008
So-fo-nis-ba
La palabra Sofonisba es una caja de música dejada entre los primeros límites de octubre, un juguete huérfano en un paisaje irremediablemente adulto, un pequeño tesoro sin mapa. A saber cuánta lluvia tendrá encima. Y sin embargo, tras abrirla, descubrimos que ni la humedad ni el desamparo han logrado mermar del todo la fe de sus resortes. La melodía, sí, es algo más lenta ahora, un poco más oscura, pero en su esfuerzo lucha por saber sonar como la primera vez, cuando ni siquiera se lo pedíamos. Tres notas danzarinas y una cuarta inesperada, discordante, rara, final. He ahí el secreto. Una caricia sin cuidado que acaba en una pregunta de mil años. Y es que Sofonisba nos empezaba haciendo reír para dejarnos en silencio, perdidos de añoranza por cosas que nunca podríamos ver, destrozados por un sordo placer de belleza y aniquilamiento, removiendo el presagio de que ambas cosas, al cabo, pudieran ser lo mismo.
¿Quién no termina el día con el mediocre equipaje de su voz, gastadísima de justificar y justificarse en cada intercambio? Lo ponemos junto a nuestra cama, dócilmente, con los zapatos de un día más y el cotidiano catálogo de remordimientos. Apagamos el último cigarrillo y envidiamos a los ángeles, tan puros que no necesitan hablar. Y es entonces, al borde del sueño, cuando queremos encontrar a Sofonisba, y que nos vuelva a fingir un poco de misterio, con el tacto y las primicias de un beso repentino. Sabemos muy bien dónde la habíamos dejado, quizás debajo de algunas páginas distraídas o en el torpe amago de unos versos que se tendrían que suicidar de tan ingeniosos. Pero queremos tener a Sofonisba una vez más, como si fuera la primera vez, y pedirle que nos cante, sin la servidumbre de decirnos nada, sin la obligación de que lo hagamos nosotros. ¿Dije que era una caja de música? Ojalá. Qué ingenua coartada. No. La palabra Sofonisba es sólo una flauta de afilador y por eso es también su propia, inevitable melodía. Lo que ensombrece su compás, por tanto, no es la lluvia ni el otoño. Ni tampoco el vértigo del tiempo. Ni todos los que la han tenido ya en sus labios. Es la cruel certidumbre de nuestros pulmones o la pobre calidad de nuestro aire.
¿Quién no termina el día con el mediocre equipaje de su voz, gastadísima de justificar y justificarse en cada intercambio? Lo ponemos junto a nuestra cama, dócilmente, con los zapatos de un día más y el cotidiano catálogo de remordimientos. Apagamos el último cigarrillo y envidiamos a los ángeles, tan puros que no necesitan hablar. Y es entonces, al borde del sueño, cuando queremos encontrar a Sofonisba, y que nos vuelva a fingir un poco de misterio, con el tacto y las primicias de un beso repentino. Sabemos muy bien dónde la habíamos dejado, quizás debajo de algunas páginas distraídas o en el torpe amago de unos versos que se tendrían que suicidar de tan ingeniosos. Pero queremos tener a Sofonisba una vez más, como si fuera la primera vez, y pedirle que nos cante, sin la servidumbre de decirnos nada, sin la obligación de que lo hagamos nosotros. ¿Dije que era una caja de música? Ojalá. Qué ingenua coartada. No. La palabra Sofonisba es sólo una flauta de afilador y por eso es también su propia, inevitable melodía. Lo que ensombrece su compás, por tanto, no es la lluvia ni el otoño. Ni tampoco el vértigo del tiempo. Ni todos los que la han tenido ya en sus labios. Es la cruel certidumbre de nuestros pulmones o la pobre calidad de nuestro aire.
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varia
lunes, 6 de octubre de 2008
Las doncellas
Sabático torrente de caderas,
labios, senos, sandalias: es la vena
dulce de Venus. Miel y cabelleras
bajo la noche que se agita y suena.
Y queda un parloteo en las aceras.
Y queda un haz de farolas en pena.
Polvo fugaz del mundo. Carcajada
hacia el domingo, el lunes y la nada.
(De Azul de enero, 2003)
labios, senos, sandalias: es la vena
dulce de Venus. Miel y cabelleras
bajo la noche que se agita y suena.
Y queda un parloteo en las aceras.
Y queda un haz de farolas en pena.
Polvo fugaz del mundo. Carcajada
hacia el domingo, el lunes y la nada.
(De Azul de enero, 2003)
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Poemas propios
domingo, 5 de octubre de 2008
jueves, 2 de octubre de 2008
El ritmo (Arquíloco de Paros)
Alma, alma agitada en penas sin remedio,
levántate y rechaza al enemigo;
oponle el pecho y firme aguanta su emboscada.
Y ni, al vencer, presumas largamente,
ni, vencida, te hundas en tu casa quejándote.
Ríe las dichas, llora los males, sin excesos:
comprende el ritmo que sujeta al hombre.
(Trad. Juan Manuel Macías)
(Nota: esta traducción mía de Arquíloco ya la puse en mi anterior bitácora. Pero es que este poema siempre me tranquiliza, como me tranquilizó en su momento traducirlo.)
levántate y rechaza al enemigo;
oponle el pecho y firme aguanta su emboscada.
Y ni, al vencer, presumas largamente,
ni, vencida, te hundas en tu casa quejándote.
Ríe las dichas, llora los males, sin excesos:
comprende el ritmo que sujeta al hombre.
(Trad. Juan Manuel Macías)
(Nota: esta traducción mía de Arquíloco ya la puse en mi anterior bitácora. Pero es que este poema siempre me tranquiliza, como me tranquilizó en su momento traducirlo.)
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