miércoles, 30 de mayo de 2018
El secreto
martes, 29 de mayo de 2018
Valentía y jirafas
En poesía, en el arte y en la vida la libertad lo es todo. Pero esa libertad no implica quererlo todo, que en el fondo equivale a no querer nada. No podemos tener sed y no tenerla al mismo tiempo. Escoger un camino conlleva descartar los otros posibles. Ya decía Chesterton, con su habitual agudeza, que si un pintor deseara —en ejercicio de su libertad— pintar una jirafa sin el cuello largo, entonces no sería libre para pintar una jirafa. Los pusilánimes de toda época puedieran calificar de valentía la actitud cercenadora de ese pintor. Pero no hay mayor valentía ni más grande riesgo —y hasta vértigo— que el de ser fiel al cuello de las jirafas. Y a su longitud.
lunes, 28 de mayo de 2018
Sómata en Tinta china
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| Paul Sérusier: El talismán (Portada del núm. 21/22 de Tinta china) |
jueves, 3 de mayo de 2018
Reconciliación
sábado, 28 de abril de 2018
[Los pájaros sostienen la mañana...]
con su tibio presagio. Los venimos oyendo,
desde siempre o desde nunca,
en la ventana imprevista donde acaba el invierno,
en la plaza inminente de todos los deshielos.
Suben y vuelan los pájaros, rubrican nuestros viajes hacia dónde;
en los hoteles deshilan su largo ovillo de promesas;
en la quimera encendida de las tardes dejan su vaga tinta
y se marchan, y se marchan los pájaros entre dudas como puntos suspensivos.
Lloramos pájaros.
Sangramos pájaros, incluso,
por ese latido, esa música, ese color simplemente libre, indescifrable,
mucho antes de que los primeros labios tristes se rindieran
y declararan confines como «alondra», «tórtola», «ruiseñor», «vencejo».
Y cuando la noche se lleva el mundo con sus pájaros
aún se estremece un pequeñísimo jirón de cielo
en nuestra leve frente enferma,
lo mismo que un fanal olvidado en las afueras,
donde el joven amor insiste otra vez en sus pájaros antiguos.
miércoles, 25 de abril de 2018
Paréntesis
jueves, 12 de abril de 2018
Bspwm y la metáfora del escritorio
En mi caso, yo llevo trabajando un tiempo con Bspwm, un gestor de ventanas del que me he enamorado perdidamente, aunque los amores en Linux siempre son polígamos o simples aventuras de una noche. Bspwm vendría a ser un gestor de ventanas estilo «tiling», de esos que aspiran a romper con la metáfora clásica del escritorio a la que casi todos estábamos acostumbrados desde antiguo. En ésta, las ventanas se disponen como si fueran papeles que van apilándose en una mesa, a veces con demasiado caos, lo cual es una representación bastante fiel (ay) del escritorio físico. Por contra, en los tiling las ventanas se ordenan marcialmente igual que un mosaico, aprovechando hasta el último centímetro de la pantalla. Olvídense de cosas tan rancias como la barra de título o los botones de maximizar, minimizar o cerrar. Bspwm, así las cosas, me resulta increíblemente cómodo para traducir, o incluso maquetar, donde suelo tener un montón de ventanas abiertas a un tiempo. Además, se maneja con una rapidez pasmosa sin levantar las manos del teclado (en los portátiles es una bendición), su consumo de recursos es ridículo y aprender a usarlo es infinitamente más fácil que recordar su nombre.
De todas formas, insisto: en Linux somos todos abejorros de culo inquieto. O tal vez no exista el entorno de escritorio perfecto. Por eso siempre es una liberación poder usar varios entornos (y metáforas de escritorio) a lo largo del día, frente al aburrido uniforme gris del software privativo. Aunque también decía un usuario del foro de Manjaro Linux (refiriéndose a los dos entornos emblemáticos del sistema operativo del pingüino): «When I run Plasma I miss GNOME’s simplicity. When I run GNOME I miss Plasma’s configurability». Esto mismo (le contesté) ya lo teníamos en nuestros viejos libros de texto de latín: «Romae rus, ruri Romam desidero» (En Roma extraño el campo, en el campo extraño Roma).
viernes, 30 de marzo de 2018
Elegías y sátiras (Kostas Karyotakis) -- Nuevo libro
Me hace mucha ilusión compartir con vosotros la noticia de que acaba de salir en la editorial Pre-Textos mi traducción de las Elegías y sátiras y cuatro poemas póstumos de Kostas Karyotakis. Ojalá os pueda interesar este poemario esencial del gran poeta griego, al menos tanto como a mí me emocionó y fascinó traducirlo. Os dejo con un enlace de la novedad bibliográfica en la web de la editorial.
martes, 27 de marzo de 2018
Apunte sobre una golondrina
APUNTE SOBRE UNA GOLONDRINA
Sombra sobre la frente.
O Sueño.
La golondrina escribe un lejano azul oscuro
en la pizarra del cielo.
Es tarde, tarde.
La golondrina
ha dibujado el rizo
que cortaron de un ángel proscrito y sin recreo.
La tarde es gris y fresca; la primavera, antigua;
la golondrina pasa y gira, enajenada,
sobre la frente, sobre el encerado
del tiempo.
Pequeña golondrina, vieja sombra,
escribe en letras grandes, limpia mi frente
de pensamientos;
golondrina de años, pasa y deja
sobre mi frente el leve trazo,
el humo frío de tu tarde,
la delicada firma de un recuerdo.
jueves, 22 de marzo de 2018
Hospital
El otro día me tocó ir a consulta rutinaria. Por primera vez en el nuevo y flamante hospital de Collado Villalba, que es uno de esos hospitales de nuevo diseño (al menos en Madrid), más parecido a un aeropuerto, o al Mercadona, que a lo que el imaginario nos tiene acostumbrados en cuanto a estos edificios. Y en mi caso no sólo el imaginario, pues mi madre trabajó en el Ramón y Cajal hasta su jubilación, y eso sí que era un hospital de la vieja escuela. Uno ya sabía que estaba en un hospital nada más cruzar el espartano vestíbulo, cosa que siempre he agradecido. Y es que tengo la anticuada manía de querer encontrarme en los sitios adonde voy aquello que prometen, ya sea un ultramarinos, un banco, una catedral o un club social de mormones nudistas. Qué se yo: una forma más de no perderse en el mundo.
Pero este hospital de Villalba, con sus diáfanas salas, casi sin pasillos, sus tiendas, sus escaleras mecánicas y su atmósfera (digamos) neutra consiguió inquietarme más que otra cosa. Gente, mucha gente, algunos atentos a los monitores en las paredes, otros introduciendo con mecánica resignación la tarjeta sanitaria en unas máquinas parecidas a las expendedoras del metro. Todo muy automatizado, sí, pero lo que me escamó es que no se veían médicos, ateeses, auxiliares, celadores… El personal habitual que tiene por costumbre trajinar por los hospitales, más que nada porque trabaja allí. Se diría que los médicos, con esas batas blancas, las recetas, las alarmas tenían prohibido pisar ese espacio tan cool. Si me diera un infarto allí mismo y me cayera pasmado, ¿saldría algún médico de la nada para atenderme? ¿O me sentiría avergonzado, segundos antes de caer pasmado, por algo tan hortera como ponerse enfermo?
Se suele decir que los hospitales son sitios fríos y asépticos. Pero si hay un lugar frío y ñoño como pocos es ese hospital vanguardista que no quiere ser un hospital. Los hospitales pueden ser tristes, esperanzadores, a veces desasosegadores, pero nunca fríos. Y eso lo descubrí los únicos e irrisorios cinco días de mi vida en que (hasta ahora) estuve ingresado en uno. Son lugares lastrados de una tremenda humanidad: el gran peso de todo aquello que somos gravita allí de una forma singular. Esperemos, en fin, que algún día devuelvan a los médicos y demás personal a los pasillos del hospital de Villalba. Me tranquilizaría bastante. Porque un hospital sin médicos es como un colegio sin niños.
viernes, 9 de marzo de 2018
De todas las estrellas...
Así traduje estos versos (frag. 104 en la ed. Lobel-Page) en mi edición de las poesías de Safo publicada en La Oficina de Arte Ediciones:
Ἔcπερε πάντα φέρων ὄcα φαίνολιc ἐcκέδαc ̓ Aὔωc,
φέρειc ὄϊν, φέρειc αἴγα, φέρειc ἄπυ μάτερι παῖδα.
... ἀcτέρων πάντων ὀ κάλλιcτοc.
Estrella de la tarde, que traes cuanto esparció la blanca Aurora,
traes la oveja y la cabra, y a la madre le quitas la muchacha.
... de todas las estrellas la más bella.
jueves, 1 de febrero de 2018
Nueva reseña de las Poesías de Safo
http://www.diariodesevilla.es/delibros/ama_0_1213378721.html
miércoles, 31 de enero de 2018
Pocos
lunes, 22 de enero de 2018
Out To Lunch!
Siempre me hizo gracia aquella historia del espectador de un concierto de jazz que quería denunciar a los músicos porque, según su fino criterio, lo que tocaban no era jazz. Los puristas del jazz, como los de la poesía, el cine, incluso el sexo, son unos pelmazos de manual. Miles Davis, en sus últimas entrevistas, solía comentar (o insinuar) que a esas alturas ya no sabía a ciencia cierta cómo clasificar su música. Pero por una cierta pereza todos acabamos por llamarlo jazz. Bendita pereza, o lo que sea, prima hermana de la no menos bendita impropiedad del lenguaje humano. Al final todo es jazz. Safo componía jazz. Y hasta la poesía (con permiso de don Nicanor) puede llegar a ser, a veces, poesía.
Al hilo de estas impropiedades y de este lunes huérfano cualquiera, cómo no recordar esa maravillosa gamberrada de Eric Dolphy titulada Out To Lunch! (1964), con su impagable portada y el reloj que apunta a cualquier hora posible de regreso (cuando sepamos por fin qué es jazz, qué es poesía, volveremos de almorzar y se habrá acabado todo).
(El álbum comienza con «Hat and Beard», tema inspirado, al parecer, en la persona de Thelonious Monk:





