viernes, 24 de abril de 2009

El lunes nos vemos en La Cigale

La poesía, o lo que llamamos poesía, siempre me ha parecido (por mera aproximación) un misterio que sucede en la voz de otros. En mi historia personal, humilde, sentimental e intransferible de los versos he contado con amigos que me han regalado algunos de mis poetas o poemas de cabecera. Neruda, Borges, Lorca, Góngora, Lope, Kavafis han vivido a menudo en las voces de mis cercanos. Otras ocasiones, por contra, no tuve tanta suerte. Otras ocasiones la tipografía me ha impuesto su silencio y su soledad, y el poema no era otra cosa que una escombrera de tinta que uno, perezoso, se veía obligado a reconstruir. Y entre el esfuerzo, sin embargo, algún deslumbramiento repentino. El poema tomaba forma en esa voz interior que nadie sabe de dónde viene. Ni tan siquiera Saussure pudo explicarla en su poema épico intitulado Curso de lingüística general. Me ha causado no pocas obsesiones la dichosa voz interior, y tengo hablado mucho sobre ella, o con ella, tras la zozobra ancestral de quien descubre que se puede llegar a leer un texto sin mover los labios. ¿Pero quién es el que lee? ¿Quién nos lee, o a quién buscamos en el otro extremo?

Este lunes 27 un servidor estará del lado de los que leen, en Barcelona, compartiendo cartel con la poeta Ana Gorría, gracias a la generosa invitación de los poetas Álex Chico y Juan Salido-Vico para el ciclo de lecturas que han organizado en La Cigale. Viendo los nombres programados, los poetas que ya han intervenido, y la inmensa estatura lírica y humana de ambos organizadores, he de decir que me siento muy honrado por que se hayan acordado de mí, así que marcho a Barcelona con una ilusión más grande que un bergantín goleta. Diría (por mera aproximación) que la poesía es voz y un poema sólo existe cuando se dice, cada vez irrepetible. Intentaré por una noche prestarle mi voz a mis poemas. Una unión contingente, como quien dice.

Toda la información sobre Els dilluns de la Cigale aquí. No se lo pierdan.

jueves, 9 de abril de 2009

Un poema de Jesús Hilario Tundidor



DESPUÉS QUE CAE LA SOMBRA

Definitivamente he comprendido.
Todo el que bulle o hace ruido o grita
y gesticula y queda, unos instantes,
en la primera página de un mundo
inútil, locuaz mudez de muerte
representa. Paso fugaz, ira fugaz
es en el amplio conocer que olvida,
máscara, son, viento de una mañana.

Pero aquel que se sabe poderoso,
encauzado en el mar, llamado dentro
de una mortal entrega, de una lenta
labor, en la que vida o muerte sólo
es material de arquitectura o tránsito,
aquél que sufre y calla, acepta y toma
su herramienta, derrumba y edifica,
desnuda y viste, y multiplica el único
instante concedido, siendo humilde
penetra victorioso, pues conoce
que su ámbito es la luz y allí es su triunfo.

(Jesús Hilario Tundidor)

lunes, 6 de abril de 2009

ego

Uno cumple años y se descubre con el mismo aturdimiento de siempre. A estas alturas de la feria, me conformo con que las cosas sucedan, incluso cuando uno le sucede a sí mismo, porque sobre esto no dejo de atesorar unas cuantas preguntas de hogareña melancolía. Ensayaré un brevísimo muestrario, si no les importa, sólo por el placer de seguir preguntando. Veamos. Sigo sin saber por qué una tarde de invierno del 77 resolví que estaba enamorado perdidamente de la princesa Leia, y aún sigo pagando las consecuencias. Era un amor, como diría Ray Bradbury, anterior al cuerpo y la moral. Por otra parte, de niño, me sobrevino una febril obsesión por los trenes, los de verdad y los de juguete, pero jamás soñé con ser maquinista, como todo el mundo, sino mozo de coche-cama. Siempre he despreciado las matemáticas y toda mi adolescencia ejercí un acusado desdén hacia la poesía, aunque redactaba unos cuentos muy macabros que le preocupaban mucho a mi profesora de lengua. Jamás sospeché que estudiaría clásicas e ignoro, a ciencia cierta, cuál es mi profesión. Y a estas alturas de la feria sigo preguntándome por ese raro deber de escribir poemas, de dónde viene, cuando disfruto más hablando de tipografía y de ordenadores. Como ven, unos cuantos lugares de ese mapa tan confuso en su simpleza que solemos llamar, por convención, yo. Pero no me pondré puñetero como el gran Hume. Que las cosas sucedan (insistiré siempre) es un misterio de aquí te espero. Y que yo suceda tampoco deja de tener su gracia. Y que vosotros sucedáis es el no va más de los misterios. Pero ante un misterio, nada como llevarlo con naturalidad, como Cary Grant sus trajes o Juana de Arco sus batallas.

lunes, 23 de marzo de 2009

Publicité

Me avisa mi amigo y vecino Álex Chico de que ya está en el aire el nuevo número, en versión digital, de la revista Kafka, codirigida por Sergio Sastre y el propio Álex. No se la pierdan bajo ningún concepto. En ella encontrarán espléndidos textos de Jordi Doce, Efi Cubero, Daniel Casado y Juan Salido-Vico. A destacar también una entrevista a Gonzalo Hidalgo Bayal y una reseña de Eduardo Moga al magnífico poemario de José Luis Gómez Toré Fragmentos de un cantar de Gesta.

Otra buena noticia. Mi amigo y vecino Juan Salido-Vico ha sido flamante áccesit del premio de poesía Ciudad de Zaragoza, con un conjunto de sonetos reunidos bajo el sugerente título Gozne. El pacharán tiene que volver a correr con carácter de urgencia en este blog.

Y, ya que se ha hecho público, les anuncio que un servidor de ustedes tiene el honor de haber sido invitado a leer sus poemas en el ciclo de lecturas que Álex Chico y Juan Salido-Vico organizan en La Cigale, en Barcelona. Mi lectura, si no me falla la voz y consigo superar mi habitual timidez, está programada para el 27 del mes más cruel. Comparto cartel, nada menos, con Agustín Calvo Galán, Miguel Cordero, Javier Cubero y Ana Gorría. No dejen de visitar el blog oficial de Els dilluns de la cigale.

Como ven, todo son noticias agadables en estos días, incluyendo la entrada en las Afinidades Electivas de mi vecina y amiga la poeta Olga Bernad y que a las azucenas y las rosas les ha dado por andar desnudas. Indudablemente, estamos rodeados de héroes.

viernes, 20 de marzo de 2009

Azucenas en camisa

Hoy, que comienza la primavera (o algo parecido), me entran unas ganas terribles de rescatar a Gerardo Diego de esa cárcel llamada "bachillerato". Gerardo Diego es uno de los mejores poetas del siglo XX, y la poesía del siglo XXI, cuando se tranquilicen las aguas, estará claramente en deuda con él. Así que aquí les dejo uno de sus más célebres singles, escrito en plena fiebre gongorina. Si todo soneto es a Violante, todo poema es adrede.

****

Venid a oír de rosas y azucenas
        la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
       las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
       los caballeros sin espuelas
aquí al jardín injerto en laberinto
       de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
       cabellos curvos peina urgente
y hay sólo una mejilla acelerada
       y una oropéndola que miente

Agria sazón la del febril minuto
       todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
       un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
       el vals de «Ya no más Me muero»
comienza a perseguir por las corolas
       la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
       y el bienestar de los claveles
Mi corazón amigos fue algún día
       tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
       grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
       yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
       hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
       y al ralantí vuestras corvetas

Toman las nubes a extremar sus bordes
       más cada día decisivos
Y a su contacto puéblense de acordes
       los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
       lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
       las azucenas y las rosas

lunes, 16 de marzo de 2009

Intermedio

«La imagen múltiple no explica nada; es intraducible a la prosa. Es la Poesía en el más puro sentido de la palabra. Es también, y exactamente, la Música, que es sustancialmente el arte de las imágenes múltiples; todo valor disuasivo, escolástico, filosófico, anecdótico es esencialmente ajeno a ella. La Música no quiere decir nada. (A veces parece que quiere; es que no sabemos despojarnos del hombre lógico, y hasta las obras bellas, desinteresadas, les aplicamos un porqué). Cada uno pone su letra interior a la Música, y esta letra imprecisa varía según nuestro estado emocional.»

Gerardo Diego, Posibilidades creacionistas

jueves, 12 de marzo de 2009

Cantiga del despertador

Acude en la deriva de tus senos
desde el balcón que besan los suicidas,
sobre los aparejos del olvido.

Tiende una tibia estela de distancias,
de octubres en galope. Tráeme el tiempo
con sabor a metal adormecido.

Baja gritando por las catedrales
entre la pura vertical desnuda
y la querencia del meteoro huérfano.

Sé todo cuerpo, sin favor del aire.
Fatiga balaustradas, tráeme el tiempo
sangrando largamente sus racimos.

Llena mis ojos desde tu hemisferio
con el agua perpetua de esa noche
donde se fundan todas las estrellas.

(De Cantigas y cárceles)

lunes, 9 de marzo de 2009

Leixaprén

La más bella y misteriosa cantiga de amigo de Martín Códax siempre me pareció, sin duda, esa que empieza por el verso "Ay Deus, se sab' ora meu amigo". La leí por primera vez, aturdido, en la benemérita Lírica española de tipo popular de la gran filóloga mexicana Margit Frenk Alatorre. Sus dos últimos versos los usé tiempo depués como lema para un soneto mío que formó parte de mi libro Azul de enero. El soneto, a estas alturas, ya no tiene remedio, y para mayor desgracia no consiguió curarme de la enfermedad recurrente que siento por esta cantiga y por su enigmático sujeto. Y es que esa chica desconsolada que llora frente al mar de Vigo siempre me regresa intacta en su disgusto cuando la primavera, o algo parecido, amenaza con manifestarse. No puedo con ella, ni logro hacer que pare de llorar o de llover. Ni mucho menos pueden los eruditos, tan insensibles, que tienen un nombre para todo. Hablan de paralelismos y de leixaprén, como si todo eso la consolara a la pobre. Leixaprén, una palabra con cadencia de conjuro que designa el recurso retórico de usar los segundos versos de dos pareados al principio de las dos siguientes estrofas. Pero ese llanto va más allá de los voluntariosos quehaceres del taller del artesano. Es un llanto que nos sobrecoge de puro verdadero, y ahí reside la victoria y el talento del trovador gallego. Seis estrofas entreveradas por un estribillo obsesivo y descarnado. Y ese llanto circular y cerrado sobre sí mismo, sin ninguna esperanza que no sea el amigo que nunca vendrá, porque, como todo poema bien acabado, la cantiga es infinita. Y también nos demuestra que, en extrañas ocasiones, el arte también prefiere la simetría.

Pero la cantiga fue escrita, sobre todo, para ser cantada. La mejor versión que conozco es la del grupo australiano Sinfonye (sic). Es una versión que puede molestar a los puristas, de tan libre y apasionada. Así debe ser. Creo que Martín Códax estaría satisfecho de escuchar su desgarro galaico-portugués en esta voz de lejano acento y raro sabor de antípodas. Creo, por otra parte, que Martín Códax escribió un blues y nadie se lo dijo, ni siquiera los eruditos.

Ay Deus, se sab' ora meu amigo
com' eu senneira estou en Vigo!
E vou namorada.

Ay Deus, se sab' ora meu amado
com' eu en Vigo senneira manno!
E vou namorada.

Com' eu senneira estou en Vigo,
e nullas gardas non ei comigo!
E vou namorada.

Com' eu senneira en Vigo manno,
e nullas gardas migo non trago!
E vou namorada.

E nullas gardas non ei comigo,
ergas meus ollos que choran migo!
E vou namorada.

E nullas gardas migo non trago,
ergas meus ollos que choran ambos!
E vou namorada.

viernes, 27 de febrero de 2009

Una rima

Una rima es un péndulo muy serio,
arco iris con billete de ida y vuelta
de tus párpados al centro del misterio.

Qué raro cautiverio
licuarse entre la lluvia más esbelta,
dejarse columpiar por las campanas
en la tarde erigida de manzanas
y hablar al viento en íntimo salterio.
Vibrar con los sedientos arenales,
llanto desesperado de resquicios
por hacer sonar tu pelo entre un corro de puntos cardinales.

Una rima es un faro de pupila alterna
para peinar con siglos y leyendas la ola
y humedecer tu lenta espalda con precipicios.
Aldebarán derrama la estela roja de su linterna;
rema y rema violín y barcarola,
y enarbola sin miedo la bandera
del ágil minutero pulsador de oceanos
que gira por la tierra (peonza o calavera.)

Una rima es la luna mensajera,
periódica hilandera
de mi sombra a la palma de tus manos.

(De Cantigas y cárceles)

sábado, 7 de febrero de 2009

En romance

Estas lentas palabras tienen algo
del lento sol que por las tardes últimas
de septiembre se desvanece en plata.
Son el misterio púrpura del vino
que en el lagar renace como un niño
de bulliciosa voz y ojos de anciano.
Estas palabras vienen a los labios
como la luna al filo de una alberca
sentimental,‭ ‬antigua,‭ ‬austera y noble.
Son la tierra mojada,‭ ‬el casto viento
que trenza ensalmos entre las encinas‭;
el acero templado de coraje‭;
el mendigo y el rey,‭ ‬que,‭ ‬en la alta hora,
saben verse entre sí como un espejo
del hombre eterno que en silencio muere.
Y son la ciudadela,‭ ‬y son el mármol
que preserva batallas y sentencias,
siempre a salvo del vicio de los días.
Estas lentas palabras son los padres
que nos legaron templos,‭ ‬viejas ropas
y una historia aprendida en los desvanes.
Y son también las nubes sin historia
que edifica el desierto en el cansancio
donde sólo la fe mantiene en vilo
la seda,‭ ‬con el peso de la muerte.

Más allá de las áridas gramáticas,
más allá de los fríos anaqueles,
más allá de las hojas de los años
y más allá de la literatura,
estas lentas palabras son mi sangre,
y arden en ellas muchas vidas juntas,
muchos ojos que miran desde el tiempo,
si las hago volver de sus abismos
para hablarte al oído.‭ ‬Estas palabras
son mi cuerpo hecho trizas por la arena,
mi corazón transido de oleaje,
mi alma recogida en caracola.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Xaicu







(Versión culta)

Ondas do mar
multiplicando senos,
y tú en quimono.





(Ondas do mar de Vigo, Martin Codax, en versión de Synfonie)

lunes, 2 de febrero de 2009

Perejil, salvia, romero y tomillo

¿Alguien tiene derecho a decir que un poema le hace pensar? Es probable que a favor y en contra se puedan edificar sendos entramados teóricos, igualmente aburridos. Pero de veras que no me encuentro con ánimo de hacerlo, por muy débil que sea la carne. En el fondo, opinar sobre la poesía es tan ocioso, contradictorio y libre como hacerlo sobre el clima. Sin ir más lejos, hace un par de días me encontraba a mí mismo participándole a un vecino, no sin discreto entusiasmo, que los días ya empezaban a tener color de primavera. Esa misma noche el cielo empezó a nevar de nuevo, con declarado entusiasmo. Veo en la ventana los tejados cubiertos de nieve, los jardines, las calles, Cercedilla, el mundo. La nieve como un terco, indescifrable palimpsesto de sí misma. Me aventuro a dar mi tímida opinión sobre algo. A un poema no le pido que me haga pensar (como tampoco al clima), sino que me deje el pensamiento de un determinado color. Esta antigua tonadilla tradicional inglesa (o escocesa, no lo tengo muy claro) parece tener derecho a dejarme el pensamiento de color verde, con su estribillo de perejil, salvia, romero y tomillo. En todo caso es un verde muy pálido, algo que está a punto de declararse, que espera su momento, sus límites, como una diminuta promesa a media voz o un secreto guardado en la cartera del colegio. Conocerán la tonadilla, sobre todo, por la versión que hicieron Simon y Garfunkel. Pero yo prefiero escucharla en la voz enferma y adicta, llena de fe, de la gran Marianne Faithfull. No sé si la primavera vendrá finalmente a salvarnos o si nos hará, irremediablemente, más sentimentales.