lunes, 12 de abril de 2010

G y punto


Los poetas del 27 reivindicaron a Góngora proscrito y se orinaron (como es fama) contra los muros de la Academia. Pero al margen de las testimoniales micciones y las misas pagadas con sorna por el eterno descanso del cordobés, junto a otros gestos que engrosan el anecdotario canónico de la generación, no debemos olvidar lo saludable, siempre, que resulta acusar esos complejos humores y amores. Tal vez Góngora no sea el más gongorino de los poetas españoles; igual no fue otra cosa que el alter ego de Quevedo una vez que a don Francisco le picara una cariátide radiactiva. Pero su defensa, y su reinvención, es toda una declaración de intenciones y dice mucho de una generación de poetas. No es lo mismo, no, requerir a Góngora que a Manuel Machado. Los efectos, en ambos casos, son incompatibles. Góngora supone la voluntad retórica. Nos previene contra la hipertrofia del yo y la excesiva financiación del sentimiento. Desarbola las estridentes bielas del sentido. Nos restituye en justicia el lujo del lenguaje por el lenguaje, su aristocracia acústica. Pasear por entre las palabras como quien se deja llevar por una verbena, y monta en todas las atracciones, a cada cual más novedosa y arriesgada, sin perder la sonrisa y el bullicio, pero manteniendo a salvo esa larguísima procesión que va por dentro. Góngora es una verbena, pero una verbena de relojería. Los fanales y las flores cesarán a una de acuerdo con el estricto programa de festejos. La condición necesaria de la muerte que preside la música.

domingo, 14 de marzo de 2010

That Condor moment...

Si Vd. tiene menos de 18 años, no siga leyendo esta entrada


Pensar en mixturas inglesas para fumar en pipa es pensar (para bien o para mal) en una clara presencia de latakia. El alto paladar del Imperio, en su histórico escoramiento hacia el antiguo Oriente, no tardó en verse domado por los sahumerios de ese tabaco sirio, después chipriota, que tanto molestaba a las damas con su acento a arbusto quemado o neumático viejo. No se puede entender la obra de Kipling, por ejemplo, sin latakia. Yo adoro el latakia y lloré, en su debido momento, las lágrimas precisas por la desaparición del Balkan Sobranie, el "aliento de Dios". Y volví a decirme, impostadamente nostálgico por un Oxford donde nunca hice de zángano, estos versos de Betjeman que alguien debería colgar a la entrada del cielo de los zánganos:

Balkan Sobranies in a wooden box
The college arms upon the lid
Tokaji and sherry in the cupboard ...

Pero hay también una isla, un curioso territorio de resistencia en medio de tanto furor latakioso y victoriano: los tabacos al gusto de Lakeland, como dan en clasificar los teóricos del humo. La región de los lagos, en efecto, viene produciendo desde antiguo unos tabacos de un temperamento muy propio. Virginias oscuros y potentes, tal vez con algunas briznas de burley o de Kentucky, todo ello cocinado y recocinado mediante ocultas recetas para concluir en unos aromas y unos sabores francamente impermeables a la clasificación. Pero lo realmente peculiar en esta técnica parecen ser los ingredientes ajenos al tabaco. Es sabido que los centroeuropeos y escandinavos gustaban de tratar sus mezclas con cosas que se comen o se beben: ron, melazas, vainilla e, incluso, chocolate. De hecho, yo estoy experimentando sobre una nueva mezcla en esta vía que bautizaré Piquero's Mixture, en honor de un vecino poeta y pipador, mezcla de la que daré oportuna cuenta en otro momento, si tengo éxito. Por contra, nadie sabe lo que los tabaqueros de Lakeland le echan a su marmita, pero hay un cierto consenso en que son sustancias que pocos se atreverían a ingerir: más bien inducen, por hábito social, a rociarse con ellas la piel o el cuero cabelludo. Como el haba tonka, uno de las pocos elementos declarados en tales fórmulas, muy preciada (dicen) en las fábricas de cosméticos.

El abanderado de las labores de Lakeland es, sin duda, el Condor, rara avis todavía dentro de su especie. Es abrir una bolsa de Condor, acercar la nariz a esas renegridas láminas de acaso tabaco y nuestro olfato simbólico se desploma en medio de una tienda de perfumes. Pero no de ahora, no, sino de hace cien años por lo menos. Sé que hay señoras muy decentes, mirándonos desde el color sepia de los álbumes, cuyo amoroso abrazo amurallado, o la blancura intachable de su combinación, olería igual igual que el Condor Original Long Cut. Pero el Condor es también un tabaco de pueblo llano, de innegable, diáfano ambiente marinero. Es el tabaco por excelencia de las tabernas portuarias. El contraste de paisaje es tremendo frente al latakia, que lleva en sus hebras corrupción y aristocracia, borrascosas institutrices, despachos siniestros, bibliotecas prohibidas o la cámara clausurada de algún faraón de sospechosa muerte.

Sé que en mi vida paralela de capitán de navío mercante fumo Condor sin parar en las largas travesías, confundiendo en cada puerto a las gaviotas y a las mujeres de vida alegre con ese humo jabonoso de Lakeland. A este lado del espejo, sin embargo, le tengo sólo un brezo reservado, el de una Salvatella cascada que ya lleva sus años de servicio. Porque es un tabaco orgulloso como un viejo lobo de mar, y no permite que se fume nada después en la misma cazoleta. Ni el latakia, ni el azufre del infierno siquiera, podría borrar su memoriosa huella. Me gusta recurrir a él, algunas veces, cuando quiero darme un contundente viaje nicotínico de mi mesa al sofá. Y del sopor del sofá directo, sin barco ni uniforme ni plan preconcebido, hacia los mares del sur.


martes, 9 de febrero de 2010

Apunte (3)

Hay escritores cuya poética les precede como a otros la fama de su vida goliardesca. Como una maldición. Mis discrepancias con los apriorismos estéticos de Agustín Fernández Mallo es múltiple y variada. Asunto que ni me quita el sueño ni creo que tampoco desvele mucho al autor gallego. Cada pájaro en su nido y, si hay debate, con perdón de la rima, bienvenido. En todo caso no creo que estos excesos teóricos sean malos ni tan siquiera para quien los produce. Recordemos que las opiniones más desnortadas sobre la poesía de San Juan de la Cruz fueron las del propio San Juan de la Cruz. Afortunadamente, como gran poeta que fue, pudo zafarse sin difilcultad de eso. ¿No sería deseable que algunos críticos también dejaran de lado sus prejuicios y se guardaran sus no del todo declarados desencuentros personales a la hora de considerar la obra de alguien? Parece mentira que a estas alturas tengamos que recordar lo que es de cartilla básica. La literatura de Fernández Mallo, como la de cualquier escritor, tiene derecho a un juicio justo y limpio.

sábado, 23 de enero de 2010

Kafka (y van 7)


La revista Kafka vuelve a conectar el motor de curvatura y lanza al peligroso ciberespacio literario su flamante número 7, más chulo que un 8, para llegar a donde nadie antes ha puesto el pie. En el puente de mando capitanean, como siempre, los almirantes Álex Chico y Sergio Sastre. Aparte de una reseña a cargo de un servidor del poemario de Julián Cañizares Mata, Sustituir estar, podrán encontrar esta tremenda y aguerrida tripulación:

Poemas de Sofía Castañón, Javier Pérez Walias, David Vegue y Sergio Gaspar. Una extensa y sabrosa entrevista de Álex Chico a Javier Cercas. Artículos de Manuel Simón Viola, Sergio Sastre y Segundo Tercero Iglesias. Y Relatos de Fernando Clemot, Francisco Rodríguez Criado, Araceli Esteves Castro y Juan Salido-Vico.

Imprescindible número 7.

(Arriba, foto del señor Salido-Vico regresando de una de sus misiones)

lunes, 18 de enero de 2010

Calipso (un viejo poema)

De las llanuras del oscuro ponto,
de la mudable ley de viento y luna,
llego a la dulce rada de tus brazos.
.........Ponte de oscura.

Ponte las medias negras, teje el vértigo
de la alta seda, y lenta vierte el vino
sobre tu piel, y bajo las estrellas
.........baila, Calipso.

El mundo canta al fondo de tus ojos
el verso azul y la canción profana.
Déjame hundirme en ti, que aullando vienen
.........las horas pálidas.

En tu cintura se aboveda el tiempo
y es medianoche siempre entre tus piernas.
Aunque un desnudo sueño seas, quédate
.........sólo con medias.

***

sábado, 16 de enero de 2010

La xarxa encomanada, de Josep Carner, con una versión de Gerardo Diego


Vull anar a la pesquera en nit de lluna,
quan tot serà pintat d'encantament,
amb la rosa al capell, com signe d'una
ànima fresca, abandonada al vent.

Dansarà com podrà la barca bruna:
estel ni calafat no n'han esment.
Jo hi aniré pescant, a la fortuna,
paraules en neguit de pensament.

I com que amor es passa de soldada,
mai no serà l'art meva carregada
de peix que es dol en cuejants combats.

La xarxa des d'avui encomanada
tindrà un miler de resplendents forats
sense senyal de corda pels costats.

***

LA RED

(Gerardo Diego)

Quiero ir de pesca en noche azul de luna.
Todo será fulgor de encantamiento;
la flor en el sombrero, signo de una
alma vacante, abandonada al viento.

Y que dance en vaivén la barca o cuna,
de estrella y calafate el ritmo exento.
Que yo me iré a pescar ---azar, fortuna---
palabras con temblor de pensamiento.

Y pues que Amor no entiende de soldada,
no han de arrastrar mis artes la pesada
plata viva de peces en traíña.

La red que hoy encargué, virgen de oficios,
será un pálpito, un brillo de orificios
y sin señal de cuerda que la ciña

miércoles, 13 de enero de 2010

La matraca del libro electrónico

Hace casi un año publiqué este artículo en la página web de DVD Ediciones. Desde entonces poco o nada han variado mis opiniones sobre el tan manido asunto del "libro electrónico", e-book para los cursis, y ciertas cuestiones aledañas. El tema está de moda y a mí las modas, a la postre, acaban aburriéndome. Simplemente haré constatación de un fenómeno curioso y esperpéntico que se ha ido sumando de forma parásita al debate tecnológico-cultural-embarullado. Un fenómeno alimentado desde ciertos sectores pseudoliterarios de este pueblo llamado blogosfera. Lo ha descrito impecablemente el poeta Juan Andrés García Román en otro artículo publicado también en DVD Ediciones.com el pasado verano:

(...) considero que el internet literario y la sociedad poética en general se han ido poblando de este tipo de individuos obstinados en su contrariedad sin horizonte, en su revanchismo, en su envidia, en su desconfianza y en un ataque contra la oficialidad poética y literaria que podría ser lícito, pero que pierde su credibilidad por su carácter indeterminado, invertebrado y, con perdón, encabronado. Es también común que se ice la bandera de una dudosa diversidad poética y la de la suspicacia y denuncia contra escritores o poetas consagrados o que sencillamente y puntualmente consiguieron publicar en una editorial deseada, sin otra justificación ni causa distinta del hecho de que nuestros singulares literatos de medio pelo no tuvieron éxito o no publicaron nada. La celebración y aceptación del ingenio de otro (sí, ingenio, trabajo también, desde luego, pero ingenio, ingenio; no lo duden más) llega hasta el momento en que éste les rebasa en calidad o reconocimiento, no más allá.

martes, 12 de enero de 2010

Apunte (2)

En el arte, como en el amor, el sujeto se dirige hacia su objeto sin ningún bulto intermediario ni lastre de pensamiento. Sólo el conciso candil de la conciencia que sabe lo que quiere en un instante legendario, por ajeno al tiempo mortal. A no ama a B tras encadenar un arduo proceso deductivo. Ya decían los viejos teólogos que la divinidad no razona; la divinidad ve. Y el amante, que es un dios, es también todo voluntad y todo reconocimiento y todo ojos. A, que no vive en un mundo de causas y efectos, busca desesperada, apasionadamente la unidad en B, indivisible, y obvia los porqués, los cómos, los cuándos y demás impertinencias adverbiales. Si A amara a B a causa de (pongamos por caso) las notables curvas de su trasero o culo, A entonces ya no sería un amante sino un intelectual que disfraza de amor lo que no es más que un llano abanico de categorías. No, la relación ha de entregarse tan fácil y tan elemental como una línea recta. Como con los poemas que nos gustan. No sabemos por qué nos gustan ni gana alguna tenemos de saberlo. Por esa razón, ignoramos qué les falta a los poemas que no nos gustan o (peor) nos dejan indiferentes. Y en ese juego del querer o no querer es donde debería terminar todo, para perdernos después en gratas mitologías, unas veces llamadas "crítica literaria" y otras "canciones de amor al culo de B". Pero hay quien se atormenta con el cilicio de las estéticas a priori o que quiere encontrar un sentido en el poema más allá del propio poema, de su palmaria presencia. Como si el mundo tuviera sentido o quisiera decirnos algo. Se corre entonces el peligro de ser un mal lector. Lo mismo, acaso, que ser un mal amante.

jueves, 31 de diciembre de 2009

La última del año

SONETO MÍO

Anhelante arquitecto de colmena,
voy labrando celdilla tras celdilla

y las voy amueblando de amarilla

miel y de cera virgen y morena.


Miel, flor de flores, que unge y envenena
de alada dulcedumbre nuestra arcilla
y cera, que es espíritu, que brilla
y en figura de fuego se enajena.

Abejas, abrasad la fortaleza.
Lenguas de oro exalten su corteza
y transverberen su volumen puro.

Vive, soneto mío, altiva llama:
canta para el que sueña y el que ama,
sin consumirte ardiendo hacia el futuro.

(Gerardo Diego)

***

Con mis mejores deseos para todos en el año entrante.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad (la conexión china)

No esperen que les felicite ningún solsticio. Se empieza felicitando el solsticio y se acaba uno comprando discos de Kítaro, o barritas de incienso en las tiendas de chinos, o prohibiendo a sus semejantes que fumen en los bares. En dos palabras, nos volvemos esquemáticos y horteras. Desde que el mundo es mundo, nadie ha celebrado los solsticios, pero sí las victorias y las hazañas de los dioses y los hombres, como quería aquel gran gentleman llamado Horacio. Reducir todo eso a una serie de rutinas astronómicas es querer privarnos de nuestra agradable propensión al mito. Nadie ha felicitado nunca los solsticios, que es como desear una feliz órbita terrestre, un magnífico perihelio, un estupendo cuarto menguante de la luna o una próspera aproximación de Marte a nuestro planeta. Esos fenómenos no son ni felices ni desgraciados. Sencillamente suceden, como dos y dos son cuatro y las Pléyades se hunden en la copla de Safo. Nadie dilapida la paga extra del solsticio, ni fracasa, un año más, en la lotería del solsticio. En cambio,los chinos, que pretenden dominar el mundo con sus tiendas de todo a un euro, lo llenan todo de lucecitas de colores, de figuritas de belén, y nos desean, sonrientes y celosos de su milenaria caja registradora, una feliz Navidad. La mayoría manda, mis estimados. Los chinos son más. Hagamos como los chinos, a quienes el solsticio les importa un carajo.

Feliz Navidad.

(Y no se olviden de migrar a Linux en el 2010)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Apunte

Empecé a escribir poesía en los últimos años de la carrera. Yo estaba enamorado y sufría muchísimo, por lo cual consideré de repente un tremendo acto de justicia conmigo mismo y con el mundo componer sonetos, una experiencia nueva para mí. Desde entonces, ya pasado el apuro, y no sé por qué rara fatalidad, he sido incapaz de abandonar el poema (soneto o no soneto) que se va escribiendo de vez en cuando, incluso con severas interrupciones, como aquellos dos años de feliz nada: ese lugar que algunos llaman "silencio", aunque no recuerde haber estado callado en ningún momento. Después de muchas escaramuzas de huida a lo Rimbaud, pero con trampa o traca final, supongo que soy técnicamente lo que se dice un poeta. Incómodo adjetivo que me llena de dudas y zozobras. Veamos. ¿Ser poeta es un oficio? ¿Es un estado alterado de conciencia? Y alguien que se halle en tal estado, ¿toma la sopa, escucha música, fornica o insulta de distinta forma, más sublime, que el resto de sus semejantes? Con el tiempo uno ha aprendido a juntar y apacentar un humilde rebaño de certezas más o menos descarriadas. Es decir, que sé (o creo saber) algunas cosas, no demasiado importantes, pero que me ayudan a sumar más de una noche sin insomnio. Sé que entre poema y poema el llamado poeta se diluye y se dispersa en mundo e ignorancia. Sé que no hay mortificación más ridícula e inútil que esperar que cualquier cosa que uno vive, lee, piensa o sueña tarde o temprano tenga la obligación de ser un poema. Sé que no hay puerta cerrada ni camino prohibido para entrar en él por mera ilusión y capricho, asumida la elección, se pongan como se pongan los puritanos de cualquier bando. ¿Experimentar? Pues sí, caballeros: experimentemos. Porque siempre buscaremos la infantil novedad; y si llegara un tiempo en que todo nos parezca igual a lo anterior, cuando los días se copien y se plagien uno tras otro, estaremos entonces acabados. Buscaremos la poesía siempre mudable y siempre una, poesía sin prefijos ni sufijos. Y sé también que, aun tras mucho buscar, siempre llegaré tarde a mis poemas, y que no tengo ni remota idea de lo que quieren decir. Es más, sospecho que un poema, si quisiera decir algo, si se erigiera en algún artefacto de comunicación, habría fracasado.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Otro poema de José Vicente Sala

En mi anterior arrasada bitácora se me había perdido este hermoso poema de mi amigo José Vicente Sala, perteneciente a su primerizo libro Diario de retorno. La música de fondo es de los suecos Garmarna, con la inquietante voz de Emma Härdelin.

***

SEGUNDO OLEAJE

Mucho tiempo después
llegaron hordas nuevas,
desnudos, transparentes en su dicha.
Y comían el polvo
como un manjar divino.

Llevaban en sus manos
los sabores de Europa
y callaban sabiendo
el porqué de la lluvia.

Será que el desarraigo no conjuga esos verbos
que, desde el paladar,
dominan nuestras ingles,
territorio de sal para las bocas tibias.

Será que sí es dolor
lo que se nombra apenas.

Y en poblados ajenos
treparon por los muros,
asaltaron las casas,
gozaron con doncellas
de cinturas ausentes
y escribieron con sangre:
la esperanza se pudre ya de lejos

(Diario de retorno)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Aún quedan en el mundo aventureros (orgullo de primo)


En primer plano, el teniente coronel José Chaín, primo de un servidor, en la cima de la Pirámide de Carstensz, tras culminar el proyecto Siete Cimas y pasearse por todos los techos del mundo. ¡Homérico!

(foto: Ministerio de Defensa).

Aquí, con algo de retraso, la noticia en La voz de Galicia:

http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2009/10/31/0003_8074862.htm